miércoles, 13 de marzo de 2013

Idea profunda No. 6

Un día en el parque

Ha sido una mañana inolvidable
Como todas las que pasan en un parque
¿No serás tú? ¿No serás tú?
Quizás no importa el sitio y eso está de más.

Si de todos mis delirios y mis cuentos
Sólo el tuyo ha mejorado el argumento
¿No serás tú? ¿No serás tú?
Quizá no importa el tema y eso está de más.


Ahora me escondo y te observo y te puedo decir:
"Yo mataré monstruos por ti, 
sólo tiene que avisar".

Ya hace algún tiempo salté y caí justo aquí
Aquellos safaris sin fin,
Se esfumaron sin avisar.
Hoy lo he vuelto a notar,
Cada nube es un plan,
Se transforma al viajar
Y no pesa y se va.
Somos nubes no más.

Como hojas que danzan al viento,
Así nos elevará el viento y nos hará rodar
Y rodar y rodar y rodar...

Como hojas que danzan al viento,
Así os recogerá el viento y os hará rodar
Y rodar y rodar y rodar...

Nunca hay final, no hay final
No es verdad, es verdad.

Nunca hay final, no hay final
No es verdad, es verdad.








Idea profunda No. 4

El día del concierto al aire libre


Estabas  detrás de mí. Cuando la música nos pedía levantar los brazos, nuestras manos se rozaban. Cuando saltábamos, nuestros cuerpos volaban sobre el mismo aire. Y el tiempo se detenía allí. De repente, me pisaste. Me hiciste daño. Me dijiste al oído: "Me gusta como huele tu pelo". Y cuando me volví para verte, ya no estabas.



martes, 12 de marzo de 2013

Idea profunda No. 3

11. 03. 13
Recobrar la esperanza

Sí, hemos vuelto a hablar. No puedo ser más feliz.


Sé perfectamente que podría decir que hemos hablado ayer. Pero para mí sólo te he vuelto a ver... ¿Sabes? Al final del día he sentido como que me he quedado muda en todo el tiempo que estuve contigo, porque... No sé, volverte a "hablar" de nuevo, como si últimamente ninguna de estas cosas hubiesen pasado me resulta irreal... Nuestras conversaciones fueron insípidas. De vez en cuando nos mirábamos a los ojos mientras, en secreto, ambos sabíamos que aún había algo ahí que nos impedía continuar como si nada.


He estado preguntándome durante todo el día si enviarte o no el mensaje. He sentido polillas más de una vez de sólo pensar que en unas horas llegaría la noche y me vería ahí, frente a la pantalla, buscando tu nombre para luego enviarte el mensaje (porque desde la mañana me lo he planteado así).

Con cara hora que pasaba

me ponía más de los nervios.
Con cada cambio de color del cielo... Con cada pensamiento. 

Es algo así como esa clase de nervios que te entra cuando vas a presentar un examen de mates (aunque creo que a ti no te daban con lo bueno que eras, pero bueno, es una sensación más o menos así).


He dicho que no puedo estar más feliz de haberte vuelto a hablar porque he estado con ese presentimiento de que algo malo iba a pasar cuando leyeras el mensaje. No sé... pero te imaginé pasando de esto, y no ha sido así. Me he equivocado.


Cuando me dijiste que saliéramos algún día de estos, yo por dentro me estaba muriendo de felicidad. En realidad estaba diciendo: ¡¡¡POR FAVOR!!!


No te lo había dicho, pero has cambiado. Tu pelo está distinto... más largo, quizá. Y te he visto un poco más alto. También hay algo nuevo en tu cara (que no sé exactamente qué es). Total... estás más lindo.



Quiero que sepas que... Cualquiera que haya sido tu impresión de mí, en cuanto ayer (que no es de esperar que sea muy buena), si no he sido muy amable, no ha sido por borde, sino por el mismo hecho de no sabe ya cómo dirigirme a ti, de lo extraño que te sentía. Total, mi intención no era esa.

Sé que mañana lo primero que haré al despertarme es mirar si estás ahí. Y sé que cuando lo haga, me volverán los nervios.


Gracias, de nuevo... Por haberte tomado esto con paciencia.


Pd: Hoy me acuesto más tranquila.

Idea profunda No. 2

10. 03. 13
Día en que volví a verte

He querido escribirte desde hace días, pero nunca he sabido cómo ni por dónde empezar. La verdad es que no lo he hecho porque no me he sentido preparada. Es extraño, que después de haber estado tanto a tu lado, después de haber compartido días contigo, ya no sepa cómo dirigirme a ti. De repente tus miradas me intimidan. No de esa forma... Ya sabes, amorosa. Sino de esa forma en la que te preguntas: ¿Cómo le miro? Si cuando lo hago me siento insegura; no sé si habrá algo que quiera decirme; no sé leerla la mirada ya. Tal vez le incomode, tal vez algo no le guste.

Cuando recibí tu llamada fue extraño escuchar tu voz de nuevo, y sin falta (porque sabía que estaría condenada a hacerlo), me pregunté si estaría bien o no ir... Me pregunté si sería lo mejor para mí, para ambos. Si terminaría herida, si sería incómodo. Tal vez tampoco estaba preparada.

He llorado. He llorado noches... he llorado como tonta. Todos estos días me acuesto pensándote. Imaginándote, porque me es imposible no hacerlo (de repente te has mudado a mi mente), y preguntándome: ¿Cómo habrá estado su día? ¿Cuáles serán sus sentimientos ahora? ¿Aún me piensa? ¿Ya no le importo? ¿Querrá hablarme? Y sí, puede ser ridículo... pero es así. A veces este sentimiento de extrañar es lindo y a la vez feo. Me doy cuenta de muchas cosas. Cosas como: Lo tonta que fui; la falta que me haces; la importancia que te tengo; el porqué pasan estas cosas después de los días más vividos... etc. ¿En qué momento pasó todo esto? La verdad no lo sé, a lo mejor sucedió tan rápido que ni me di cuenta. Sólo sé que lo lamento.

Mientras esto pasaba la espera por volver a hablarte se hacía insoportable. Esta vez no he aguantado más. Sí, no puedo ser más débil.

Me acuerdo de cuando hablábamos del amor, de que era horrible cuando llegabas a ese punto en el que muchos de tus sentimientos empiezan a depender de ESA persona... y me di cuenta de que en ese momento, de que justo en ese instante en el que te lo escribía, nunca me habría imaginado que serías tú quien se convertiría en esa persona.



Pasar noches pensándote no es normal. Mis sentimientos hacia ti son raros, lo siento. Aún no los tengo claros (y me tiene sin cuidado hacer lo posible por entenderlos porque por alguna razón siempre he pensado que es mejor simplemente... dejarlo así. Dejar que así sea. Por el momento que dure, dejar sentir). Pero estoy segura de que te extraño. Y de que haberte visto me duele. Me duele porque... te siento tenazmente lejos. Lejos de mí. Lejos de mis días. De mi rutina. Ya no sé qué cosas te pasan. Antes te lo contaba todo. Ojalá de pronto te encontrase a mi lado abrazándome, tranquilizándome... Ojalá pudiese sonreír como lo hacía cada que te veía. 

Te extraño, amigo. Te echo mucho de menos... Quién iba a pensarlo, pero sí. Te he extrañado más que nunca esta vez. 

Sé que te dije que me había cansado de ti, y que no quería hablarte más... Pero no pensé que también estarían esos días en los que me pesaría el alma de extrañarte tanto y de que las cosas se hayan ido desvaneciendo por cosas tan pequeñas. Tan insignificantes. No pensé que me dolería tanto.

¿En qué momento te convertiste en mi amigo? ¿En qué momento empezaste a gustarme tanto? ¿En qué momento empezamos a separarnos? ¿En qué momento dejamos de hablarnos? ¿En qué momento empezamos a tener una historia?

Hemos perdido el control de esto. De nuestra amistad. No hemos sabido cuidar lo que en algún momento más llego a unirnos... Lo que en verdad era valioso.

Ha pasado más de una semana, y yo pienso en ti. Extraño que me duela la boca de tanto sonreír... Extraño tener tu perfume tatuado en mi piel.

Y sí, no ha sido fácil... no para mí. Porque este es uno de esos dolores que tienes que guardarte obligatoriamente. Que sólo tú sabes o entiendes. No tienes con quién desahogarte porque nadie lo sabe. Nadie, excepción de ti. Y cómo esto ha sido un secreto (nuestro secreto)... Pues eso, no hay manera de contarle a alguien lo que te está pasando.


Tal vez estas cosas pasan porque... No sé. Porque as´puedo estar un poco más segura de lo que siento por ti. Eres... de verdad, eres importante para mí. Te has convertido en alguien especial.

Creo que te tengo miedo. Tengo miedo a esa parte de ti que ya no me quiera. Que le resulte indiferente. 

Eres un perfecto extraño. Siento que ya no te conozco... Que estás lejos.

Sé que estás bien con ella. Que estás feliz. Que las cosas han cambiado, y me alegro. Me alegro de verte así. Hay veces en las que me he preguntado: ¿Le escribo? Y otras en las que he querido pedirte que vengas (así, de la nada). Admito que he querido abrazarte fuerte y mirarte a los ojos... Y también que han habido noches en las que cierro los ojos y los abro rápido porque de repente he pensado en tus besos, y los he sentido.

No sé si te pase... ni sé cómo explicarte esto pero lo intentaré. Hay personas que conoces, y entre ellas, hay unas más cercanas que otras, y unas por las que piensas más a menudo. Hay unas imagen que tienes de ESA persona cuando piensas en su nombre, más que tener un concepto. Una imagen especial, una imagen que algún día, en algún momento que estuviste con ella se ha quedado grabada en tu mente. En ese caso, en TU caso, ese día fue hoy...

Cuando quisimos salir al parque y nos dirigimos a la puerta, miré por el espejo, y ahí estabas tú. Por alguna razón, te reíste con él; estabas de espalda, y en seguida te volteaste. Y en el momento en que lo hiciste, te vi. Tu cara se vio más blanca de lo normal, y tu sonrisa estaba inexplicablemente hermosa. Llevabas puesto ese gorro, que de paso te queda hermoso, y ese saco rojo... Que como cualquiera de los otros, el que sea, siempre te queda genial.

Y sí, así, de la nada... Te empiezo a recordar con esa imagen. Tu cara volteándose... Tu sonrisa.

Sé que por el hecho de haberte dicho que me había cansado, soy yo la que tiene que buscarte si es que quiero volver a saber de ti. He sido muy borde. Lo siento. Has sido muy lindo en haberme tenido en cuenta hoy. En haberme llamado... Y aún así me siento como una tonta escribiéndote esto, porque te imagino de todas las formas que puedo en cuanto a hoy, con ella... y me siento incalculablemente innecesaria para ti. Como si ya no hiciese falta mi presencia en tu vida. Como si ya no valiese la pena. Te he visto feliz a su lado. Pero siento que hay una parte de mí, que lo hace porque se niega a echarte a perder. A dejar ir ese... amigo.


Gracias por haberme dejado compartir tantos momentos contigo. Desde las clases en el colegio, hasta fuera de él. Creo que la suerte ha estado de mi parte.

Qué nocivo es el amor, ¿te das cuenta? Se ha llevado esa parte de nuestra amistad. Y siento que la empiezo a necesitar.

No espero que las cosas mejoren del todo. Sólo espero que pase ese momento en el por fin pueda abrazarte, con la seguridad de que hemos superado esto, de que ya no eres más un extraño, de que estoy abrazando a mi amigo de antes.

Y no importa si no quieres responderme. Si tus intenciones sean totalmente distintas ahora, porque estoy tranquila de haberte hecho saber esto. Porque tenía que hacerlo. Tenía que desahogarme. Ya sabes, es de esto que llegas a un punto en que no aguantas y necesitas quedarte a gusto. Llorando, quizá... Admitiendo,

No. No importa. Y aún así, quiero que sepas... que en mi corazón todavía te guardo un lugar de preferencia. Y que un pedazo de mí va contigo.

Pd: Te quiero, (tú sabes quién eres).