Cosas que tú no ves
Seguro que no era impresión mía, porque estoy casi segura de que tenías cara de... estar estresado.
Ay, me acuerdo del día que te pregunté algo así en la oficina.
"¿Estás estresado?" Mascullé, tímida, pero decidida.
"Síiiii. Nah, estresado no" Respondiste. Tan amable y divertido como la mayoría de las veces que he estado ahí sentada.
Total, ayer parecía que estuvieras estresado de verdad.
Nunca te he visto así. Me sorprende.
Espero que haya sido porque lo que llevabas de día estaba siendo pesado. O porque te hayas enterado de algo no muy bueno... O porque simplemente no estabas de buen humor. (No siempre se está sonriente por alguna razón, yo lo sé).
Total, espero que haya sido por algo así, y no porque me hayas visto, de nuevo...
Me has visto, estoy segura.
Nos hemos visto sin intención. Y me arrepiento.
No es que no me apetezca verte.
Es que quiero ver hasta qué punto soy capaz de no hacerlo, y si puedo sobrellevarlo, y, si al final, puedo acostumbrarme.
Hoy no he tenido clase, y por tanto, no he tenido que verte de ningún modo.
Y me sienta bien. Lo noto.
Claro que me torturo a mí misma imaginándote, pero de esto, a verte de verdad, hay un gran paso.
Por favor, esa manera de llevarte las manos a los bolsillos e inclinarte hacia adelante cuando estás de pie, y por lo general hablando con alguien, me descoloca toda.
Cómo desearía que no lo hicieras tan seguido...
Ay... y cuando no llevas puesta la americana, y te arremangas la camiseta...
Lo tonta que me puedo sentir observándote en secreto.
¿Ya he dicho que eres nocivo para mí?
No hay comentarios:
Publicar un comentario