Hace poco preguntaron por ti. Mis padres, por supuesto, porque ¿quién más sino ellos? Siempre fuiste nadie ante los ojos de mis amigos. John Doe. Jamás exististe. Jamás se habló de ti en los encuentros ni en las conversaciones de chat. Jamás se mencionó tu nombre en boca de otros. Tu partida no significó nada para nadie, ni siquiera para mí. Tan menial como haber perdido una monedita de cincuenta o como si se me hubiera caído otro pelo más al cepillarme en la mañana. No dolió, no sorprendió. No causó estragos ni desarreglos en mi vida. Estaba tan, tan preparada. Como cuando miras el cielo gris y sabes que en cualquier momento llueve; como cuando recibes visita sabiendo que pasadas las siete se tienen que ir.
A mis padres les dije la verdad, "ya se fue", y a mi madre resultaste caerle mejor que a mi padre, cuando tú imaginabas todo lo contrario. Who would have guessed. Las ironías de la vida, ¿no? "Para mí que tenía otras mujeres", dijo mi padre, como si de repente ese sexto sentido que solo tienen las madres se hubiera revelado en él. ¿Otras mujeres? Casado y con amante y la amante era yo y quién sabe qué más, porque de un tipo como tú se puede esperar de todo. Te fuiste y me dejaste una torta loca en las manos con la que no supe qué hacer, hasta que la boté. No second thoughts. Como cuando decides quitarte un peso de encima porque sabes que esta vez sí es en serio, y qué felicidad. Qué felicidad tan amarilla, cariño mío. Porque eso eras: estorbo. Scum. The whole fucking weight of the world on my tiny bony shoulders. Me dejaste con una torta que ya estaba preparada desde hace mucho. Desde el día uno. Desde ese preciso instante en el que todo emerge pero de antemano se sabe que ese todo se irá a la mierda. Y las tortas viejas y con moho se botan, porque no sirven para nada. Porque nadie se las quiere comer ni se las quiere quedar. No fuiste mi error más grande (tampoco fuiste tan importante), pero sí fuiste un accidente. I mean, like a car accident, en donde las personas fallecen y dejan de estar ahí. Y yo te veo así, como alguien que solo fue. O sea, como otro más. Pero uno no se estanca porque sin las personas el mundo sigue su curso y el sol sigue alzándose en las mañanas. Nada se paraliza, nada colapsa. Los coches siguen encendiéndose a las seis y los televisores siguen anunciando las noticias. Las estaciones de radio siguen poniendo música, las calles siguen abarrotándose de extraños y los niños siguen corriendo en los parques. El mundo sigue moviéndose. No escampa. Nada se detuvo nunca sin ti.
A menudo me topo en la calle con tipos altos de barba y gafas que se asemejan a ti y siempre me asusto como si se tratara del diablo en persona. Qué paro cardíaco encontrarse contigo por ahí. Si el plan era tenerte en casa el siete de diciembre ese sí hubiese sido el peor de los errores, porque Navidad es una época muy linda to have you around. Y lo lindo no se debe mezclar con lo feo. Razón número uno por la que jamás pensé en tener hijos contigo. Full disclosure.
Uno no necesita tener veintisiete años casi veintiocho para ser un poco más racional y entender que cuando los problemas sopesan más que los momentitos parchados y los libros y los postres compartidos, hay que soltar lo que se creía ganado. Lo que se consideraba un posible escenario futuro o una promesa infalible. Porque no es cierto que los problemas son meniales al lado de cualquier momento de felicidad. A nosotros los problemas nos quemaron porque una relación no solo vive de arrebatos, y deseo, y adrenalina, y misterio. Y nosotros solo fuimos emociones. Y las emociones son para los fugitivos. No fuimos una casa, una misma cama, un desayuno en la mañana, una misma taza de café. Eso de que we are meant to be together es pura paja y la misma vida no lo supo demostrar cientos de veces pero nosotros jugábamos a hacernos los ciegos.
Por un lado tenías un puñado de emociones fugaces y por el otro esa casa, esa cama doble y ese café servido en la mañana. Las cosas que te ataban sopesaban más que nuestro juego de niños y nos ganaron. Pero esto fue evidente desde el principio.
Uno no necesita tener veintisiete para abrir los ojos y decir "no más". Hay cosas en la vida que hay que mandar a recoger cuando ya no funcionan. Como un disco rayado, como las oportunidades que no fueron, como lo que sí fue pero ya no. Este Halloween me disfracé de la dignidad que me quité todo el tiempo que estuve a tu lado.
Hoy eres un pie de página en el libro de mi vida. Un tipo que me enseñó que no necesariamente los años de más significan madurez. Un LEGO viejo que en un tiempo fue castillo y ahora es bohío.
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