Si
pudiera describirles mi situación actual con una canción diría que Linger de
The Cranberries la explica clavadito. Soy toda la maldita canción. Soy toda esta
parte, por ejemplo:
Oh, I thought the world of you
I thought nothing
could go wrong
But I was wrong, I
was wrong
If you, if you
could get by
Trying not to lie
Things wouldn't be
so confused
And I wouldn't
feel so used
Y esta también:
And I'm in so deep
You know I'm such
a fool for you
You've got me
wrapped around your finger
Do you have to let it
linger?
Y esta:
I'm sure I'm not being rude,
but it's just your attitude,
It's tearing me apart,
It's ruining everything.
Habré dicho mierda más de quinientas veces porque no es cierto que otra vez me esté enamorando. Un consejo: si alguna vez planean no enamorarse, no lo hagan. No se esfuercen mucho, no vale la pena. Créanme a mí, que juraba que me estaba comiendo el mundo hasta que tropecé con una sabandija y caí.
Uno no controla sus sentimientos. Se me olvidó que no debía enamorarme (¿ya les hablé de mis problemas de memoria?). Yo estoy mal, en serio. Los últimos días en el trabajo se me veía mal. Como ida y tras del hecho despeinada y descompuesta si recién había salido de su apartamento. Menos mal estoy en vacaciones. Por lo menos tendré tiempo para recuperarme un poco de todo. Y si estoy mal, que lo note solo yo, por favor.
A los tres Andrés de mi vida les tuve que designar un seudónimo para poder distinguirlos: Andrés Usaquén, Andrés el Malparido y Andrés Coca-Cola (he works for Coca-Cola). Andrés Coca-Cola me sorprendió en la primera conversación que tuvimos porque él, al igual que yo, ama estar solo. Hablábamos de la soledad como lo mejor que le podía pasar a uno y yo me reía porque entre más lo miraba más pensaba: ya no quiero estar sola.
Y si me lo preguntan ahora, ya no sé. Sigo sin querer y no. Sigo deseándolo desmedidamente, pero ojalá no sintiera que empiezo a perder esa tranquilidad de antes. Esa profunda tranquilidad que me tenía desde hace tiempo nadando en la nada, como si por dentro viviera en un pueblito olvidado en el que no pasa nada y el tiempo ni se siente. Suena a algo malo, pero con los días descubrí que prefería la nada a la mierda. Desmentí mi idea de que peor que estar triste es no sentir nada. Total nonsense, peor que no sentir nada es estar triste y más si es por alguien.
A veces siento que estoy jugando mi propio juego con mis propias reglas, y otras siento que no, que realmente está pasando, que todo es genuino and I'm falling into a beautiful mess again, porque no les he hablado de la vez que sentía que me ahogaba en la piscina (ahora nado), con cada flashback, cada segundo que miraba en retrospectiva y traía a mi mente pedacitos de la noche anterior.
En resumen, salí de su apartamento para llegar al mío a llorar. Miento, ya había llorado en todo el camino mientras iba montaba en el Uber más viejo y anticuado que he visto en mi vida, to top it all off. No quiero entrar en detalle de lo que pasó esa noche, pero si les digo que fue un caos total, créanme. Vayamos mejor a la escena en la que estoy en la piscina medio nadando medio ahogándome medio queriendo ahogar toda la mierda en el agua. Pero, como les dije antes, todo se arregló con un mensajito que decía Maria Catalina buenos días, y desde ahí supe que jamás iba a entender a Andrés Coca-Cola.
Hoy todavía no lo entiendo, ni me entiendo a mí... but when have I anyway?