martes, 26 de diciembre de 2017

Linger


Si pudiera describirles mi situación actual con una canción diría que Linger de The Cranberries la explica clavadito. Soy toda la maldita canción. Soy toda esta parte, por ejemplo: 

Oh, I thought the world of you
I thought nothing could go wrong
But I was wrong, I was wrong
If you, if you could get by
Trying not to lie
Things wouldn't be so confused
And I wouldn't feel so used


Y esta también: 
And I'm in so deep
You know I'm such a fool for you
You've got me wrapped around your finger
Do you have to let it linger?

Y esta:
I'm sure I'm not being rude, 
but it's just your attitude, 
It's tearing me apart, 
It's ruining everything. 

Habré dicho mierda más de quinientas veces porque no es cierto que otra vez me esté enamorando. Un consejo: si alguna vez planean no enamorarse, no lo hagan. No se esfuercen mucho, no vale la pena. Créanme a mí, que juraba que me estaba comiendo el mundo hasta que tropecé con una sabandija y caí. 

Uno no controla sus sentimientos. Se me olvidó que no debía enamorarme (¿ya les hablé de mis problemas de memoria?). Yo estoy mal, en serio. Los últimos días en el trabajo se me veía mal. Como ida y tras del hecho despeinada y descompuesta si recién había salido de su apartamento. Menos mal estoy en vacaciones. Por lo menos tendré tiempo para recuperarme un poco de todo. Y si estoy mal, que lo note solo yo, por favor.

A los tres Andrés de mi vida les tuve que designar un seudónimo para poder distinguirlos: Andrés Usaquén, Andrés el Malparido y Andrés Coca-Cola (he works for Coca-Cola). Andrés Coca-Cola me sorprendió en la primera conversación que tuvimos porque él, al igual que yo, ama estar solo. Hablábamos de la soledad como lo mejor que le podía pasar a uno y yo me reía porque entre más lo miraba más pensaba: ya no quiero estar sola.

Y si me lo preguntan ahora, ya no sé. Sigo sin querer y no. Sigo deseándolo desmedidamente, pero ojalá no sintiera que empiezo a perder esa tranquilidad de antes. Esa profunda tranquilidad que me tenía desde hace tiempo nadando en la nada, como si por dentro viviera en un pueblito olvidado en el que no pasa nada y el tiempo ni se siente. Suena a algo malo, pero con los días descubrí que prefería la nada a la mierda. Desmentí mi idea de que peor que estar triste es no sentir nada. Total nonsense, peor que no sentir nada es estar triste y más si es por alguien.

A veces siento que estoy jugando mi propio juego con mis propias reglas, y otras siento que no, que realmente está pasando, que todo es genuino and I'm falling into a beautiful mess again, porque no les he hablado de la vez que sentía que me ahogaba en la piscina (ahora nado), con cada flashback, cada segundo que miraba en retrospectiva y traía a mi mente pedacitos de la noche anterior. 

En resumen, salí de su apartamento para llegar al mío a llorar. Miento, ya había llorado en todo el camino mientras iba montaba en el Uber más viejo y anticuado que he visto en mi vida, to top it all off. No quiero entrar en detalle de lo que pasó esa noche, pero si les digo que fue un caos total, créanme. Vayamos mejor a la escena en la que estoy en la piscina medio nadando medio ahogándome medio queriendo ahogar toda la mierda en el agua. Pero, como les dije antes, todo se arregló con un mensajito que decía Maria Catalina buenos días, y desde ahí supe que jamás iba a entender a Andrés Coca-Cola.

Hoy todavía no lo entiendo, ni me entiendo a mí... but when have I anyway?

lunes, 25 de diciembre de 2017

domingo, 24 de diciembre de 2017

Por cierto, feliz Navidad, tonta.


Si me ven riendo (o llorando) pregúntenme por qué. Yo les cuento la historia.

No lo busqué yo, lo juro, simplemente me lo arrojó la vida. Otro Andrés, digo. A mi historia la voy a llamar Three A's in a row.
Muy irónico. My life is a joke (and a half), ¿sí les dije?

Gracioso porque uno jura que el último hombre con el que estuvo será el último en la lista de amores desacertados, el último error que cometió pero qué va, luego viene otro peor y así sucesivamente hasta que se forma una bola de nieve infernal gigantesca. 


Es cierto que aún es muy temprano para aseverar que este será otro error, pero lo sospecho y me gusta. Quiero decirles que si hay alguien masoquista en este mundo soy yo. Nadie me supera en eso. Hay cierta adrenalina en esa insinuación de peligro que me deja inquieta y me provoca ahondar más. Este nuevo desliz, este nuevo Andrés tan peligroso y dañino como se ve para mi vida, me encanta. Una versión restaurada de vileza.

Lo conocí una noche y desde ahí no dejo de ir a su apartamento a buscarlo. A pedirle más, más daño, más dolor. Más infierno. Porque con él estoy en el infierno, quemadísima. Eso se lo dije al oído una de esas veces en las que me volvía a perder en su cama obstinada. En otra le dije me dueles, y él qué, y le volví a susurrar me dueles. Pero más que el dolor físico que sentía cuando entraba en mí, yo me refería a ese dolor moral en el que solo un auténtico masoca puede deleitarse. Andrés me dolía hasta el fondo y cómo lo disfrutaba.

No me bastó con un Andrés, ni con dos. Tenía que haber un tercero. Uno mucho mayor, uno muy maduro que me hiciera sentir como una niña boba, c
ause I'm such a fool for him. Uno que sepa cómo enredarme, si acaso que se aproveche de mí el tiempo que sea necesario mientras yo siga con mi papel de ingenua. No pregunten, yo tampoco entiendo.


Imagínense mi cara cuando le dije mucho gusto, Catalina, y él me responde Andrés. What the actual fuck mi vida. Enseguida me conseguí otro pedestal y lo puse ahí encima los siguientes minutos que hablamos y los otros que me ignoró. Un pedestal para admirarlo, porque por dentro ya lo estaba aplaudiendo y decía no puede ser, este hombre me encanta... mierda, mierda, mierda. 

L
o observé todo, de pies a cabeza: las manos, la pinta, las gafas, los zapatos, las manos otra vez, el acento, los ojos, la voz... todo y sin darme cuenta me estaba mordiendo mucho el labio; se me notaban las ganas. Por eso se dio el lujo de ignorarme con sus amigos, porque sabía que al rato, cuando volviera, yo estaría por ahí merodeando con cara de tonta y dispuesta a seguir instrucciones. Ese hombre de chaqueta roja que ahora veía a lo lejos me tenía bailando obligada con un apestoso para llamar su atención. No va a funcionar, pensé, y claro que no funcionó hasta que después esperó a que nuestras miradas se cruzaran de nuevo para llamarme con un gesto firme al que obedecí. 


Habré dejado a la persona que tenía al lado con la palabra en la boca en mi impulso de acercarme al hombre de chaqueta roja y ojos tajantes como una niña inmantada. Me acerqué sin saber lo que hacía, casi sin darme cuenta de que en menos de un segundo ya me estaba dirigiendo a él como si realmente estuviera siendo polarizada por un imán. Lo miré a los ojos y me dijo muy serio vámonos, y entonces sentí el ardor de las primeras llamas.


Hoy todavía me recuerda mi cara de boba. Estabas desesperada, dice, y se ríe con esa sonrisa pícara que tiene. Y yo le pregunto en serio se me notaba tanto, y él se vuelve a reír y me dice demasiado y empieza a comerme a besos.

Gracioso porque mientras mi hermana mayor sale con tipos de mi edad, yo salgo con tipos mayores que ella. Gracioso porque hace unas semanas me estaba riendo de las parejitas que me encontraba por la calle peleando. Eso les pasa por enamorarse, bobos, y seguía caminando con esa libertad que lo hace sentir a uno muy dueño de sí mismo. 
Me sentía bendecida y afortunada, como si estar sola fuera un privilegio que no cualquiera tenía.


Gracioso porque me había estado jurando no meterme con nadie más en mucho tiempo. Porque me había prometido independiente y autónoma. Gracioso porque hace unas semanas estaba alardeando de mi soledad como si se tratara de un trofeo de oro. Hasta que se me cayó.

Lo bueno es que yo ya estoy preparada, porque cuándo en la vida un hombre me ha salido bien. Nunca. Y este tiene pinta de hacer desastres, pero no he podido soltarme. Me gusta mucho, demasiado. Estoy en las nubes pero también en el infierno. Experimentando el dolor y el placer al mismo tiempo. Sonriendo pero también llorando.
Bitter and sweet. 

Irónico porque uno no se mete con un Andrés tras otro, tras otro, tras otro. Uno no se encuentra tres
tipos con el mismo nombre en tres ocasiones seguidas y tras del hecho sigue cometiendo el mismo error de siempre; ya se pueden reír. 

Pero yo necesitaba otro más. Un tercer pecado. Uno que fuera muy cruel conmigo sin que me importara. Que me responda tu mamá, tu hermana, cuando le pido que me diga algo lindo. Que un día me diga si querés te podés ir, y al otro yo veré, linda, ojo con los manes, y al otro me encanta tu culito, y al otro esa cuquita tan estrechita, y al otro suerte es que te digo, Catalina, y al otro te lo podría hacer toda la vida, y al otro otra vez suerte, Catalina, y al otro qué harás mañana, pasa todo el día conmigo, y al otro fastidiosa, boba, y al otro me gustas, me encantas, me fascinan esas malditas muelas, y al otro te odio, Catalina, y al otro camina de aquí hasta allá mostrándome las nalgas, y al otro ¿que si te extraño?, un poquito, y al otro abrázame, y al otro hoy no hay besos, y al otro estás muy linda, y al otro mejor que seas tan fea para que no te miren otros manes, y al otro besitos en esas muelas, y al otro me pelea, y al otro Maria Catalina buenos días, y así sucesivamente hasta enredarme, porque enredada sí estoy. Enamorada tal vez.

Necesitaba uno que me dejara entrar y salir de su apartamento cuando yo quisiera. Que se ría en mi cara porque sabe a lo que está jugando metiéndose con una once años menor que se muere por él. Uno que me deje modelarle en el apartamento todas sus camisas que me quedan de vestido. Que me observe todita mientras recojo la ropa del suelo y me vuelvo a vestir. Que me cante 11 y 6 en la cocina. Que me exija darle un beso al llegar del trabajo. Que me obsesione con Always Ascending de Franz Ferdinand y cante conmigo We Are the People de Empire of the Sun. Que me diga quiero agarrarte esas nalguitas y darte besitos en esas muelitas. Que se enamore de mí sin que me lo diga. Que me mire con ojos impenetrables. Que me tenga tendida en su cama después de hacerme el amor mientras yo sonrío y me pregunto: qué estás haciendo, Catalina.