Si me ven riendo (o llorando) pregúntenme por qué. Yo les cuento la historia.
No lo busqué yo, lo juro, simplemente me lo arrojó la vida. Otro Andrés, digo. A mi historia la voy a llamar Three A's in a row. Muy irónico. My life is a joke (and a half), ¿sí les dije?
Gracioso porque uno jura que el último hombre con el que estuvo será el último en la lista de amores desacertados, el último error que cometió pero qué va, luego viene otro peor y así sucesivamente hasta que se forma una bola de nieve infernal gigantesca.
Es cierto que aún es muy temprano para aseverar que este será otro error, pero lo sospecho y me gusta. Quiero decirles que si hay alguien masoquista en este mundo soy yo. Nadie me supera en eso. Hay cierta adrenalina en esa insinuación de peligro que me deja inquieta y me provoca ahondar más. Este nuevo desliz, este nuevo Andrés tan peligroso y dañino como se ve para mi vida, me encanta. Una versión restaurada de vileza.
Lo conocí una noche y desde ahí no dejo de ir a su apartamento a buscarlo. A pedirle más, más daño, más dolor. Más infierno. Porque con él estoy en el infierno, quemadísima. Eso se lo dije al oído una de esas veces en las que me volvía a perder en su cama obstinada. En otra le dije me dueles, y él qué, y le volví a susurrar me dueles. Pero más que el dolor físico que sentía cuando entraba en mí, yo me refería a ese dolor moral en el que solo un auténtico masoca puede deleitarse. Andrés me dolía hasta el fondo y cómo lo disfrutaba.
No me bastó con un Andrés, ni con dos. Tenía que haber un tercero. Uno mucho mayor, uno muy maduro que me hiciera sentir como una niña boba, cause I'm such a fool for him. Uno que sepa cómo enredarme, si acaso que se aproveche de mí el tiempo que sea necesario mientras yo siga con mi papel de ingenua. No pregunten, yo tampoco entiendo.
Imagínense mi cara cuando le dije mucho gusto, Catalina, y él me responde
Andrés. What the actual fuck mi vida. Enseguida me conseguí otro pedestal y lo
puse ahí encima los siguientes minutos que hablamos y los otros que me ignoró.
Un pedestal para admirarlo, porque por dentro ya lo estaba aplaudiendo y decía
no puede ser, este hombre me encanta... mierda, mierda, mierda.
Lo observé todo, de pies a cabeza: las manos, la pinta, las gafas, los zapatos, las manos otra vez, el acento, los ojos, la voz... todo y sin darme cuenta me estaba mordiendo mucho el labio; se me notaban las ganas. Por eso se dio el lujo de ignorarme con sus amigos, porque sabía que al rato, cuando volviera, yo estaría por ahí merodeando con cara de tonta y dispuesta a seguir instrucciones. Ese hombre de chaqueta roja que ahora veía a lo lejos me tenía bailando obligada con un apestoso para llamar su atención. No va a funcionar, pensé, y claro que no funcionó hasta que después esperó a que nuestras miradas se cruzaran de nuevo para llamarme con un gesto firme al que obedecí.
Habré dejado a la persona que tenía al lado con la palabra en la boca en mi impulso de acercarme al hombre de chaqueta roja y ojos tajantes como una niña inmantada. Me acerqué sin saber lo que hacía, casi sin darme cuenta de que en menos de un segundo ya me estaba dirigiendo a él como si realmente estuviera siendo polarizada por un imán. Lo miré a los ojos y me dijo muy serio vámonos, y entonces sentí el ardor de las primeras llamas.
Gracioso porque mientras mi hermana mayor sale con tipos de mi edad, yo salgo con tipos mayores que ella. Gracioso porque hace unas semanas me estaba riendo de las parejitas que me encontraba por la calle peleando. Eso les pasa por enamorarse, bobos, y seguía caminando con esa libertad que lo hace sentir a uno muy dueño de sí mismo. Me sentía bendecida y afortunada, como si estar sola fuera un privilegio que no cualquiera tenía.
Gracioso porque me había estado jurando no meterme con nadie más en mucho tiempo. Porque me había prometido independiente y autónoma. Gracioso porque hace unas semanas estaba alardeando de mi soledad como si se tratara de un trofeo de oro. Hasta que se me cayó.
Lo bueno es que yo ya estoy preparada, porque cuándo en la vida un hombre me ha salido bien. Nunca. Y este tiene pinta de hacer desastres, pero no he podido soltarme. Me gusta mucho, demasiado. Estoy en las nubes pero también en el infierno. Experimentando el dolor y el placer al mismo tiempo. Sonriendo pero también llorando. Bitter and sweet.
Irónico porque uno no se mete con un Andrés tras otro, tras otro, tras otro. Uno no se encuentra tres tipos con el mismo nombre en tres ocasiones seguidas y tras del hecho sigue cometiendo el mismo error de siempre; ya se pueden reír.
Pero yo necesitaba otro más. Un tercer pecado. Uno que fuera muy cruel conmigo sin que me importara. Que me responda tu mamá, tu hermana, cuando le pido que me diga algo lindo. Que un día me diga si querés te podés ir, y al otro yo veré, linda, ojo con los manes, y al otro me encanta tu culito, y al otro esa cuquita tan estrechita, y al otro suerte es que te digo, Catalina, y al otro te lo podría hacer toda la vida, y al otro otra vez suerte, Catalina, y al otro qué harás mañana, pasa todo el día conmigo, y al otro fastidiosa, boba, y al otro me gustas, me encantas, me fascinan esas malditas muelas, y al otro te odio, Catalina, y al otro camina de aquí hasta allá mostrándome las nalgas, y al otro ¿que si te extraño?, un poquito, y al otro abrázame, y al otro hoy no hay besos, y al otro estás muy linda, y al otro mejor que seas tan fea para que no te miren otros manes, y al otro besitos en esas muelas, y al otro me pelea, y al otro Maria Catalina buenos días, y así sucesivamente hasta enredarme, porque enredada sí estoy. Enamorada tal vez.
Necesitaba uno que me dejara entrar y salir de su apartamento cuando yo quisiera. Que se ría en mi cara porque sabe a lo que está jugando metiéndose con una once años menor que se muere por él. Uno que me deje modelarle en el apartamento todas sus camisas que me quedan de vestido. Que me observe todita mientras recojo la ropa del suelo y me vuelvo a vestir. Que me cante 11 y 6 en la cocina. Que me exija darle un beso al llegar del trabajo. Que me obsesione con Always Ascending de Franz Ferdinand y cante conmigo We Are the People de Empire of the Sun. Que me diga quiero agarrarte esas nalguitas y darte besitos en esas muelitas. Que se enamore de mí sin que me lo diga. Que me mire con ojos impenetrables. Que me tenga tendida en su cama después de hacerme el amor mientras yo sonrío y me pregunto: qué estás haciendo, Catalina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario