miércoles, 11 de junio de 2025

Delirio para dos

“Loving you was the most exquisite

form of self-destruction.

—David Jones

Amor de fuego, serpiente indebida. ¿Cuántas veces habré tenido que verte así? Aferrado a la oscuridad de tus miedos, fracturado por una vida que no te llevó adonde merecías y derramando lágrimas de hielo. Mirabas hacia el techo como mirando a un cielo invisible y apretabas el temblor de tus labios mientras yo te apretaba la mano en el intento de darte algún consuelo, pero nunca supe bien qué decirte.

A menudo te contorsionabas como un trapecista de circo hasta que te sonaban los huesos como truenos y me decías que así aliviabas mejor tus dolores de espalda y de ingle. Era extraño, ¿sabes? Saberte tan roto por dentro pero por fuera observarte en tu cuerpo de escultura griega y piel de piedra. Y en medio de esta dualidad yo no lograba entender en dónde es que acababa tu belleza y comenzaban tus defectos de niño enfermo.

Había días en los que casi podía asegurar que tenías la forma de Jesús, pero luego se me desfiguraban tu rostro y tu voz y se me hacía más bien que estaba de cara al demonio y que tus ojos pasaban de desprender una luz boreal a una llama adusta, temible, y terminabas tejiendo telarañas en la órbita de mi alma sondeable. Pero todo esto nunca te lo dije.

Lo tuyo era un dolor físico incurable para los médicos; lo mío, un dolor emocional irreparable que ningún sermón de iglesia bastó para sanar, y ninguno de nosotros pudo salvar al otro. Pero mira cómo nos acompañamos en el camino, demasiado optimistas para la realidad que nos tocó juntos, ignorando que cada vez el daño era más visceral. Tú con tus bramidos de bestia indomable siempre recurriendo a los gritos para ver si alguna de esas cosas que me decías me sacudían de esa catatonia mía que tanto odiabas.

Muchas veces creímos que todo mejoraría sacándonos el sudor de la piel y hundiéndonos en un placer que nos hacía olvidar en dónde estábamos. Siempre terminábamos en tu cama como dos amantes obstinados que no se saben dejar. Que confunden fin por comienzo. Que piensan que el amor es destrucción, así sea para nunca abandonarse.

Lo más difícil para mí fue enfrentarme a tu mente brillante y espectral de genio autista. Siempre entendías qué pasaba por la mía antes de que yo misma lo comprendiera. Bastaba con que tocaras mi mano o mi cabeza para explicarme qué o por qué, y yo me quedaba fascinada por tu misticismo. Entendiste sin esfuerzo mi TCA cuando te hablé de él como si tú mismo lo hubieras vivido desde mi piel. Me ahondabas la mirada, llegabas a lo profundo hasta cavarme el alma y así, en menos de dos meses, resolviste solo quién era y lo supiste todo, absolutamente todo sobre mí. Dreamy girl, you have dream all over.

Al principio parecía un ritual hermoso. Había días en los que iba a buscarte porque necesitaba comprenderme. Me hacías autopsias psíquicas y sentimentales. Cuando me pesaban mis propias emociones sin reconocer cuáles eran yo te veía y tú las ordenabas una por una y les ponías nombre. Las acogías, las amparabas, y luego las llevabas a dormir con un beso suave en la cabeza y así me sentía más tranquila. ¿Te acuerdas?

Pero llegaste muy lejos, mago oscuro, y un día descubriste que aún no había terminado de amar a alguien más cuando ya salía contigo. Que pretendía tenerte sin tenerte, que sentía pero no pensaba, que vivía y actuaba conforme a mis emociones, aunque hiriera a los demás; que en el fondo me daba miedo elegirte a ti, pero te ilusionaba con hacerlo. Y conociste la malicia que guardaba en mi esencia y desvelaste esa crueldad mía envuelta en una irresistible dulzura que te resultaba ineludible, y el día de mi cumpleaños decidiste regalarme un libro dedicado a quienes tenían un trastorno límite de la personalidad.

You live by your emotions. Me dijiste. Y cuánta razón tenías.

Me convenciste de que estaba enferma, de que algo andaba mal en mí, de que necesitaba ayuda para poder salvarnos. Me dijiste que aquel libro me ayudaría a entenderme más de lo que tú podías. Me sugerías cosas: You should tell everybody that you have borderline, so that they're aware when they get to know you. Supongo que así lograrías que nadie se interesara en estar conmigo. Y cuando cortábamos sentenciabas la suerte de mi futuro con palabras que escogías sabiamente para que jamás se me olvidaran: Nobody will want to be with you, because you have BPD. Pero cuando se lo dije a mis amigos y a cada persona que me conocía o que me conoció me lo negaron.

Aun así te creí por todos esos meses. Andaba por todas partes pensando que mi mente no era como las demás y creyendo entender por qué era tan impulsiva e inestable. Porque cómo ibas a equivocarte con esa mente lúcida y radiante, genio mío. Eras tan bueno con las palabras que articulabas cada cosa que decías como si fueras un libro escrito. Podías perfectamente memorizar cualquier fecha y cualquier conversación tal como había sucedido. Hacías un análisis psicológico de las personas de quienes te hablaba sin llegar a conocerlas, y siempre acertabas. Cómo podías haberte equivocado si al fin y al cabo percibías el mundo desde un filtro distinto al de los demás. Tenía un trastorno y solo tú estabas dispuesto a amarme en toda mi complejidad.

Pero no era del todo cierto, ángel oscuro. Al contrario, empecé a reconocer una ira en ti que cada vez me alertaba con más firmeza de que había algo más allá de tu autismo. Tú, el del hueco en la pared; el que vociferaba por teléfono cuando llamaba a su mamá, el que dañó la pantalla del televisor de un golpe seco, el que me condujo a casa gritándome FUCK YOU una y otra vez al oído; el que me lanzó agua helada a la cara para que me despertara porque tú no podías dormir tras una discusión que habíamos tenido; el que me arrojó el celular a la cara, el que me amenazó con quitarse la vida si te dejaba, el que le pidió a su mamá que me convenciera de regresar, el que me empujó contra la cama en un ataque de ira, el que arrojó mis cosas por la puerta y me sacó de su casa. Tú, amor tenebroso que nunca pude descifrar porque eras un constante contraste entre lo sublime y lo sombrío. Un día pasabas de todo esto a ser un hombre bueno que me hablaba con su voz reconfortante, un ángel de luz de energía celestial, la imagen de Dios. El que me recogió del aeropuerto cuando el mundo se había hundido en nieve y yo no tenía para dónde ir. El que me llevó a la clínica cuando estuve enferma y me cuidó por los siguientes seis días. Tú, el que me recibía siempre en su casa cuando necesitaba huir de mi realidad porque la vida se me estaba cayendo a pedazos. Tú, el que apostaba una vida conmigo sabiendo que tenía una inestabilidad emocional y que quería irme a Francia. El que me entregó las palabras que recordaría toda la vida, como llaves que abrieron una puerta que yo misma había cerrado: Any man would find you attractive. El que se paraba detrás de mí frente al espejo, alto y con la mirada fija, y me preastabas tus ojos para mostrarme todo lo que tú veías y así me recorrías por mi cabello, mis ojos, mis pómulos, mi nariz, mi sonrisa, mi cuello..., y los repasabas uno a uno con cumplidos que me abrían los ojos y se instalaban en mi pecho como una promesa de belleza que en verdad sí me había sido otorgada. Y fumábamos para nublar la conciencia de lo que nos afligía y elevar los sentidos. Y escuchábamos a Andrew Bird y hacíamos viajes con hongos y teníamos conversaciones largas, profundas, que se esfumaban en el mismo humo y se mezclaban con las nubes y el cielo azul cuando nos recostábamos boca arriba sobre el platón de la camioneta. A veces tocabas la guitarra mientras yo cantaba Guantanamera y luego otra vez en la cama experimentando el placer desde una intensidad sobrenatural que trascendía todas las esferas de esta tierra y nos susurrábamos I love you so fucking much con furia, con amor y con cansancio, y nos aferrábamos a la esperanza de sobrevivir a la contrariedad de nuestro amor. 

Eras simultáneamente sombra y espejo; guía y perdición..., mi agresor y salvador.

Pero una semana antes de irme la idea de tener que seguirme hasta Francia te llenó de rabia. Me pediste que escogiera entre Francia o una vida en Seattle contigo. Y cuando escogí mi sueño entendiste, por fin, que no habías logrado meterte en mi mente como lo habías orquestado. Sentiste que todo un esfuerzo de tu parte había sido fundado en el vacío de una vana ilusión desde el día que había llegado a tu casa por primera vez.

La última noche antes de irme llegaste en tu carro negro hasta donde me estaba quedando porque al otro día unos amigos me llevarían al aeropuerto. Y bajo un cielo amplio y oscuro que nos observaba desde lo alto me dijiste adiós con la cara mojada, me designaste todas las estrellas, y me pediste que te recordara entre los árboles que desde ya nos rodeaban. Y así lo hice, ángel negro.

Ya no te guardo rencor de nada. Hoy reconozco todo el daño que también te hice y la maldad que me hallaste, porque aún la veo. Este escrito es mi elegía a la memoria íntima de una relación marcada por la luz más fulgente y a su vez la oscuridad más honda. No pretendo redimirme ni victimizarme, sino dejar constancia de lo que alguna vez viví. Y aunque de cuando en cuando seguiste apareciéndote en mis sueños nunca quedaron respuestas claras, solo el abismo de un amor imposible que hoy por fin acepto como todo lo que fue.


jueves, 29 de mayo de 2025

The unsaid

Black Angel,

let me fall into the trap of your dark love.

Murder my life,

make me feel weak and adored.

Today I feel like sinking

into the smoke of your dirty, reckless cigarettes;

I want to feel the days,

the parties, the sleep

slipping by,

while you distract me with this sweet pain.

Cruel magician,

bring the moon to my feet.

Lick my wounds with your wild tongue

and then burn me with your misty kisses.

Say goodbye with your tear-streaked face

and find me at the edge of your door,

only to let me in once more.


martes, 27 de mayo de 2025

Lo nunca dicho

Ángel negro,

déjame caer en la trampa de tu oscuro amor.

Asesíname la vida

hazme sentir débil y adorada.

Hoy tengo ganas de hundirme 

en el humo de tus cigarrillos sucios, imprudentes;

quiero sentir que se me pasan los días,

las fiestas, el sueño,

mientras me distraes con este dulce dolor.

Mago cruel, 

tráeme la luna a los pies

lámeme las heridas con tu lengua salvaje

y quémame después con tus besos brumosos.

Dime adiós con la cara empapada

y encuéntrame en el borde de tu puerta,

para luego entrar una vez más.


(2021)

The end of you


Fue brusco, radical, inesperado. La noche anterior me habías llamado y me dijiste I really fucking like you entre lágrimas y sollozos. Siempre me gustó que lloraras con esa libertad de quien no pretende adornar sus sentimientos con una máscara. Siempre me gustó que no escondieras tu lado más sensible, humano, emotivo. La mañana siguiente también me llamaste y me dijiste you really fucking suck con rabia, con remordimiento, con fuego en las palabras.

STOP TALKING. Y me quedé muda.

Estas tardes de invierno de cielos enteramente azules y sol persistente me llevan a ti. Me recuerdan a ese domingo que salí a tu balcón semi desnuda y eran las tres y media de la tarde y el sol tenía ganas de atardecer pronto. Me hacen querer llegar hasta tu calle y pararme en medio de aquel puente pequeño para observar el estanque, los patos, el sosiego sobre el que reposan las horas, los árboles con sus ramas flacas, desnudas, frías.

Me he entregado al delirio de que en cualquier momento apareces para fumar tus cigarrillos malditos y así vuelvo a recomponer la existencia de ti de una forma más palpable, más física, más real. Pero si eso ocurriera sé que ya no me hablarías sobre árboles con una chispa de luz gobernando tus ojos verdes y una leve sonrisa en tu rostro perfecto. No me enseñarías a diferenciar un pino de un abeto, no me pedirías que te acompañe a fumar un rato para recibir la mañana sino que me lanzarías palabras mezquinas a la cara y me gritarías algo así como what the fuck are you doing here con los ojos llenos de una furia despótica.

Sé que algún día, después de mucho tiempo, pasaré por tu casa y no veré tu auto porque te habrás mudado a una ciudad mejor como lo habías planeado antes de conocerme. Me quedaré con el fantasma de ti, de lo que viniste a ser en mi vida alguna vez en tan poquísimo tiempo y con tanta intesidad.

Sabiendo que nunca más podré volver a verte y temiendo que algún día volverás a tomar la decisión de no vivir más opté por conservar mis fotos de ti y algunos videos aunque me hayas pedido borrarlo todo. También decidí guardar aquella grabación en la que me dices I am very attracted to you, y me confiesas tu condición y cómo percibes tantas cosas desde tu mente única, brillante, autista. Me duele.

El presente

Han sido días de muerte espiritual. No me siento en mi propio cuerpo. No me hallo la mirada en mis propios ojos. Si logro reunir las fuerzas para meterme en la bañera y limpiar un poco de lo que resta de esta tristeza invasiva, no me sobran las suficientes para caminar hasta el armario y vestir mi desnudez. Entonces me siento  en la cama envuelta en una toalla temblando de frío, de preguntas, de dolor, y rompiendo, al fin, en un llanto agudo que responde a deshora a mi turbión de emociones. Luego observo la ciudad desde mi ventana porque tengo la leve certeza de que a lo lejos se alcanza a divisar una hilera de casas blancas de techos oscuros perfectamente puestas, y una de ellas es la tuya.

No hicimos tantas cosas . . . no te mostré un poco más de mi música como me pediste que lo hiciera. Tampoco yo te pedí que me pasaras tus canciones, tus listas de reproducción de canciones preferidas. Siempre pensé que habría más tiempo para hacerlo después, pero no fue así. No nos tomamos un café en West Side un domingo en la mañana. No viajamos a Salt Lake, no nos quedamos una noche allá. No celebramos navidad juntos. No volveremos a hundirnos en un viaje con hongos. No continuamos despertando en las mañanas o durante el día junto al otro sintiendo que una segunda piel nos hacía sentir más vivos que la nuestra propia. Pero hicimos tantas otras que bastaron para dejarnos la conciencia tranquila si no contrariábamos la verdad porque era un hecho que nuestras personalidades colisionarían siempre y nuestra relación, en cualquier punto, iba a colapsar en una espiral de puro caos y barullo. Pero me inquieta el pensamiento de que me faltó tiempo, quizás toda una vida para entender tu trastorno, para entender ese espectro tan incomprensible incluso para quienes entregan el papel mientras dan el diagnóstico, y en el intento de encontrar algún consuelo que aplaque mi cargo de conciencia leo en Reddit todo tipo de experiencias de personas como yo que, irrebatiblemente, cedieron ante el agobio de mantener una relación de dos mundos que no logran coincidir. También ellas vivieron el insoportable tormento que trae consigo un fin que aunque duele también alivia.

Terror

Tus palabras gritándome de lado al oído. Enfáticas, agresivas, engarzadoras hasta hacerme saltar del asiento y encogerme de hombros como si así pudiera menguar el pavor. GET THE FUCK OUT! NOW! Agarré mis cosas y salí de tu auto tragándome una humillación que pesaba como piedra. Terror fue siempre también tu atención a los detalles tan poco perceptibles para quien no está en el espectro, es decir, prácticamente todas las personas con las que me he relacionado a lo largo de mi vida. Así supiste que mi corazón no estaba del todo contigo, sino que estaba en otro lugar, en otro país. Así distinguías que me desconectaba de los momentos, de las conversaciones. Que se me iba la mirada aunque me esforzara por mirarte directamente a los ojos. Diste en el blanco de mi mayor debilidad. Me hundiste en las verdades e intenciones de mi ánima en las que nadie nunca supo reparar. Me filtraste completa. Me descubriste. Y en mi mente nunca supe distinguir si fuiste un verdadero tirano o simplemente un brillante autista.

El comienzo

Fue imprevisto, prometedor, especial. Esa noche llegué a tu casa después de un extenuante vuelo desde Orlando. Habíamos quedado en encontrarnos pronto para hablar y fumar. Para conocernos. Esa noche no noté nada en ti. Fue después cuando me confesaste que habías hecho un sobresfuerzo por renunciar a ti mismo para no espantarme con tu rareza, con tus comportamientos a veces incomprensibles. Me explicaste el concepto de la máscara. Y efectivamente con el paso de los días mi idea de ti se fue desarmando y fuiste tomando otra forma, otros matices de tu ser que junto al mío desataron terribles vorágines a raíz de nuestras acentuadas diferencias conductuales.

La duda

¿Qué será de ti? ¿Qué pasará con tu cuerpo, tu salud, con la cirugía que necesitas y de la que dependen tantas cosas? ¿Persistirá en ti tu deseo de morir tras esa detestable llamada médica? Una última noticia condicionaría el resto de tu vida y podría trazar el principio o el fin de muchas cosas. Me pesa la incertidumbre. Me agobia el desconocimiento de algo que siempre me importó mucho sobre ti, aunque no lo hayas querido creer. Solo puedo desear en mis plegarias nocturnas que alguna intervención divina te sane, te libere del dolor.

La despedida

A veces el adiós toca a solas y en silencio. Así uno escoge en qué condiciones cerrar el telón. Qué dejarle al público y qué llevarse al camerino en donde habitan los verdaderos pensamientos, las verdaderas emociones.

Así te doy las gracias y te beso por una última vez. Porque aunque solo en mi cabeza este escenario sea posible, en la vida real lo habría hecho de esta forma sin pensarlo dos veces.

Cuando se acabe la fiesta


Cuando se acabe la fiesta 

y no suene más una canción

acuérdate de las palabras

que siempre nos quedaron.