martes, 27 de mayo de 2025

(2021)

The end of you


Fue brusco, radical, inesperado. La noche anterior me habías llamado y me dijiste I really fucking like you entre lágrimas y sollozos. Siempre me gustó que lloraras con esa libertad de quien no pretende adornar sus sentimientos con una máscara. Siempre me gustó que no escondieras tu lado más sensible, humano, emotivo. La mañana siguiente también me llamaste y me dijiste you really fucking suck con rabia, con remordimiento, con fuego en las palabras.

STOP TALKING. Y me quedé muda.

Estas tardes de invierno de cielos enteramente azules y sol persistente me llevan a ti. Me recuerdan a ese domingo que salí a tu balcón semi desnuda y eran las tres y media de la tarde y el sol tenía ganas de atardecer pronto. Me hacen querer llegar hasta tu calle y pararme en medio de aquel puente pequeño para observar el estanque, los patos, el sosiego sobre el que reposan las horas, los árboles con sus ramas flacas, desnudas, frías.

Me he entregado al delirio de que en cualquier momento apareces para fumar tus cigarrillos malditos y así vuelvo a recomponer la existencia de ti de una forma más palpable, más física, más real. Pero si eso ocurriera sé que ya no me hablarías sobre árboles con una chispa de luz gobernando tus ojos verdes y una leve sonrisa en tu rostro perfecto. No me enseñarías a diferenciar un pino de un abeto, no me pedirías que te acompañe a fumar un rato para recibir la mañana sino que me lanzarías palabras mezquinas a la cara y me gritarías algo así como what the fuck are you doing here con los ojos llenos de una furia despótica.

Sé que algún día, después de mucho tiempo, pasaré por tu casa y no veré tu auto porque te habrás mudado a una ciudad mejor como lo habías planeado antes de conocerme. Me quedaré con el fantasma de ti, de lo que viniste a ser en mi vida alguna vez en tan poquísimo tiempo y con tanta intesidad.

Sabiendo que nunca más podré volver a verte y temiendo que algún día volverás a tomar la decisión de no vivir más opté por conservar mis fotos de ti y algunos videos aunque me hayas pedido borrarlo todo. También decidí guardar aquella grabación en la que me dices I am very attracted to you, y me confiesas tu condición y cómo percibes tantas cosas desde tu mente única, brillante, autista. Me duele.

El presente

Han sido días de muerte espiritual. No me siento en mi propio cuerpo. No me hallo la mirada en mis propios ojos. Si logro reunir las fuerzas para meterme en la bañera y limpiar un poco de lo que resta de esta tristeza invasiva, no me sobran las suficientes para caminar hasta el armario y vestir mi desnudez. Entonces me siento  en la cama envuelta en una toalla temblando de frío, de preguntas, de dolor, y rompiendo, al fin, en un llanto agudo que responde a deshora a mi turbión de emociones. Luego observo la ciudad desde mi ventana porque tengo la leve certeza de que a lo lejos se alcanza a divisar una hilera de casas blancas de techos oscuros perfectamente puestas, y una de ellas es la tuya.

No hicimos tantas cosas . . . no te mostré un poco más de mi música como me pediste que lo hiciera. Tampoco yo te pedí que me pasaras tus canciones, tus listas de reproducción de canciones preferidas. Siempre pensé que habría más tiempo para hacerlo después, pero no fue así. No nos tomamos un café en West Side un domingo en la mañana. No viajamos a Salt Lake, no nos quedamos una noche allá. No celebramos navidad juntos. No volveremos a hundirnos en un viaje con hongos. No continuamos despertando en las mañanas o durante el día junto al otro sintiendo que una segunda piel nos hacía sentir más vivos que la nuestra propia. Pero hicimos tantas otras que bastaron para dejarnos la conciencia tranquila si no contrariábamos la verdad porque era un hecho que nuestras personalidades colisionarían siempre y nuestra relación, en cualquier punto, iba a colapsar en una espiral de puro caos y barullo. Pero me inquieta el pensamiento de que me faltó tiempo, quizás toda una vida para entender tu trastorno, para entender ese espectro tan incomprensible incluso para quienes entregan el papel mientras dan el diagnóstico, y en el intento de encontrar algún consuelo que aplaque mi cargo de conciencia leo en Reddit todo tipo de experiencias de personas como yo que, irrebatiblemente, cedieron ante el agobio de mantener una relación de dos mundos que no logran coincidir. También ellas vivieron el insoportable tormento que trae consigo un fin que aunque duele también alivia.

Terror

Tus palabras gritándome de lado al oído. Enfáticas, agresivas, engarzadoras hasta hacerme saltar del asiento y encogerme de hombros como si así pudiera menguar el pavor. GET THE FUCK OUT! NOW! Agarré mis cosas y salí de tu auto tragándome una humillación que pesaba como piedra. Terror fue siempre también tu atención a los detalles tan poco perceptibles para quien no está en el espectro, es decir, prácticamente todas las personas con las que me he relacionado a lo largo de mi vida. Así supiste que mi corazón no estaba del todo contigo, sino que estaba en otro lugar, en otro país. Así distinguías que me desconectaba de los momentos, de las conversaciones. Que se me iba la mirada aunque me esforzara por mirarte directamente a los ojos. Diste en el blanco de mi mayor debilidad. Me hundiste en las verdades e intenciones de mi ánima en las que nadie nunca supo reparar. Me filtraste completa. Me descubriste. Y en mi mente nunca supe distinguir si fuiste un verdadero tirano o simplemente un brillante autista.

El comienzo

Fue imprevisto, prometedor, especial. Esa noche llegué a tu casa después de un extenuante vuelo desde Orlando. Habíamos quedado en encontrarnos pronto para hablar y fumar. Para conocernos. Esa noche no noté nada en ti. Fue después cuando me confesaste que habías hecho un sobresfuerzo por renunciar a ti mismo para no espantarme con tu rareza, con tus comportamientos a veces incomprensibles. Me explicaste el concepto de la máscara. Y efectivamente con el paso de los días mi idea de ti se fue desarmando y fuiste tomando otra forma, otros matices de tu ser que junto al mío desataron terribles vorágines a raíz de nuestras acentuadas diferencias conductuales.

La duda

¿Qué será de ti? ¿Qué pasará con tu cuerpo, tu salud, con la cirugía que necesitas y de la que dependen tantas cosas? ¿Persistirá en ti tu deseo de morir tras esa detestable llamada médica? Una última noticia condicionaría el resto de tu vida y podría trazar el principio o el fin de muchas cosas. Me pesa la incertidumbre. Me agobia el desconocimiento de algo que siempre me importó mucho sobre ti, aunque no lo hayas querido creer. Solo puedo desear en mis plegarias nocturnas que alguna intervención divina te sane, te libere del dolor.

La despedida

A veces el adiós toca a solas y en silencio. Así uno escoge en qué condiciones cerrar el telón. Qué dejarle al público y qué llevarse al camerino en donde habitan los verdaderos pensamientos, las verdaderas emociones.

Así te doy las gracias y te beso por una última vez. Porque aunque solo en mi cabeza este escenario sea posible, en la vida real lo habría hecho de esta forma sin pensarlo dos veces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario