miércoles, 11 de junio de 2025

Delirio para dos

“Loving you was the most exquisite

form of self-destruction.

—David Jones

Amor de fuego, serpiente indebida. ¿Cuántas veces habré tenido que verte así? Aferrado a la oscuridad de tus miedos, fracturado por una vida que no te llevó adonde merecías y derramando lágrimas de hielo. Mirabas hacia el techo como mirando a un cielo invisible y apretabas el temblor de tus labios mientras yo te apretaba la mano en el intento de darte algún consuelo, pero nunca supe bien qué decirte.

A menudo te contorsionabas como un trapecista de circo hasta que te sonaban los huesos como truenos y me decías que así aliviabas mejor tus dolores de espalda y de ingle. Era extraño, ¿sabes? Saberte tan roto por dentro pero por fuera observarte en tu cuerpo de escultura griega y piel de piedra. Y en medio de esta dualidad yo no lograba entender en dónde es que acababa tu belleza y comenzaban tus defectos de niño enfermo.

Había días en los que casi podía asegurar que tenías la forma de Jesús, pero luego se me desfiguraban tu rostro y tu voz y se me hacía más bien que estaba de cara al demonio y que tus ojos pasaban de desprender una luz boreal a una llama adusta, temible, y terminabas tejiendo telarañas en la órbita de mi alma sondeable. Pero todo esto nunca te lo dije.

Lo tuyo era un dolor físico incurable para los médicos; lo mío, un dolor emocional irreparable que ningún sermón de iglesia bastó para sanar, y ninguno de nosotros pudo salvar al otro. Pero mira cómo nos acompañamos en el camino, demasiado optimistas para la realidad que nos tocó juntos, ignorando que cada vez el daño era más visceral. Tú con tus bramidos de bestia indomable siempre recurriendo a los gritos para ver si alguna de esas cosas que me decías me sacudían de esa catatonia mía que tanto odiabas.

Muchas veces creímos que todo mejoraría sacándonos el sudor de la piel y hundiéndonos en un placer que nos hacía olvidar en dónde estábamos. Siempre terminábamos en tu cama como dos amantes obstinados que no se saben dejar. Que confunden fin por comienzo. Que piensan que el amor es destrucción, así sea para nunca abandonarse.

Lo más difícil para mí fue enfrentarme a tu mente brillante y espectral de genio autista. Siempre entendías qué pasaba por la mía antes de que yo misma lo comprendiera. Bastaba con que tocaras mi mano o mi cabeza para explicarme qué o por qué, y yo me quedaba fascinada por tu misticismo. Entendiste sin esfuerzo mi TCA cuando te hablé de él como si tú mismo lo hubieras vivido desde mi piel. Me ahondabas la mirada, llegabas a lo profundo hasta cavarme el alma y así, en menos de dos meses, resolviste solo quién era y lo supiste todo, absolutamente todo sobre mí. Dreamy girl, you have dream all over.

Al principio parecía un ritual hermoso. Había días en los que iba a buscarte porque necesitaba comprenderme. Me hacías autopsias psíquicas y sentimentales. Cuando me pesaban mis propias emociones sin reconocer cuáles eran yo te veía y tú las ordenabas una por una y les ponías nombre. Las acogías, las amparabas, y luego las llevabas a dormir con un beso suave en la cabeza y así me sentía más tranquila. ¿Te acuerdas?

Pero llegaste muy lejos, mago oscuro, y un día descubriste que aún no había terminado de amar a alguien más cuando ya salía contigo. Que pretendía tenerte sin tenerte, que sentía pero no pensaba, que vivía y actuaba conforme a mis emociones, aunque hiriera a los demás; que en el fondo me daba miedo elegirte a ti, pero te ilusionaba con hacerlo. Y conociste la malicia que guardaba en mi esencia y desvelaste esa crueldad mía envuelta en una irresistible dulzura que te resultaba ineludible, y el día de mi cumpleaños decidiste regalarme un libro dedicado a quienes tenían un trastorno límite de la personalidad.

You live by your emotions. Me dijiste. Y cuánta razón tenías.

Me convenciste de que estaba enferma, de que algo andaba mal en mí, de que necesitaba ayuda para poder salvarnos. Me dijiste que aquel libro me ayudaría a entenderme más de lo que tú podías. Me sugerías cosas: You should tell everybody that you have borderline, so that they're aware when they get to know you. Supongo que así lograrías que nadie se interesara en estar conmigo. Y cuando cortábamos sentenciabas la suerte de mi futuro con palabras que escogías sabiamente para que jamás se me olvidaran: Nobody will want to be with you, because you have BPD. Pero cuando se lo dije a mis amigos y a cada persona que me conocía o que me conoció me lo negaron.

Aun así te creí por todos esos meses. Andaba por todas partes pensando que mi mente no era como las demás y creyendo entender por qué era tan impulsiva e inestable. Porque cómo ibas a equivocarte con esa mente lúcida y radiante, genio mío. Eras tan bueno con las palabras que articulabas cada cosa que decías como si fueras un libro escrito. Podías perfectamente memorizar cualquier fecha y cualquier conversación tal como había sucedido. Hacías un análisis psicológico de las personas de quienes te hablaba sin llegar a conocerlas, y siempre acertabas. Cómo podías haberte equivocado si al fin y al cabo percibías el mundo desde un filtro distinto al de los demás. Tenía un trastorno y solo tú estabas dispuesto a amarme en toda mi complejidad.

Pero no era del todo cierto, ángel oscuro. Al contrario, empecé a reconocer una ira en ti que cada vez me alertaba con más firmeza de que había algo más allá de tu autismo. Tú, el del hueco en la pared; el que vociferaba por teléfono cuando llamaba a su mamá, el que dañó la pantalla del televisor de un golpe seco, el que me condujo a casa gritándome FUCK YOU una y otra vez al oído; el que me lanzó agua helada a la cara para que me despertara porque tú no podías dormir tras una discusión que habíamos tenido; el que me arrojó el celular a la cara, el que me amenazó con quitarse la vida si te dejaba, el que le pidió a su mamá que me convenciera de regresar, el que me empujó contra la cama en un ataque de ira, el que arrojó mis cosas por la puerta y me sacó de su casa. Tú, amor tenebroso que nunca pude descifrar porque eras un constante contraste entre lo sublime y lo sombrío. Un día pasabas de todo esto a ser un hombre bueno que me hablaba con su voz reconfortante, un ángel de luz de energía celestial, la imagen de Dios. El que me recogió del aeropuerto cuando el mundo se había hundido en nieve y yo no tenía para dónde ir. El que me llevó a la clínica cuando estuve enferma y me cuidó por los siguientes seis días. Tú, el que me recibía siempre en su casa cuando necesitaba huir de mi realidad porque la vida se me estaba cayendo a pedazos. Tú, el que apostaba una vida conmigo sabiendo que tenía una inestabilidad emocional y que quería irme a Francia. El que me entregó las palabras que recordaría toda la vida, como llaves que abrieron una puerta que yo misma había cerrado: Any man would find you attractive. El que se paraba detrás de mí frente al espejo, alto y con la mirada fija, y me preastabas tus ojos para mostrarme todo lo que tú veías y así me recorrías por mi cabello, mis ojos, mis pómulos, mi nariz, mi sonrisa, mi cuello..., y los repasabas uno a uno con cumplidos que me abrían los ojos y se instalaban en mi pecho como una promesa de belleza que en verdad sí me había sido otorgada. Y fumábamos para nublar la conciencia de lo que nos afligía y elevar los sentidos. Y escuchábamos a Andrew Bird y hacíamos viajes con hongos y teníamos conversaciones largas, profundas, que se esfumaban en el mismo humo y se mezclaban con las nubes y el cielo azul cuando nos recostábamos boca arriba sobre el platón de la camioneta. A veces tocabas la guitarra mientras yo cantaba Guantanamera y luego otra vez en la cama experimentando el placer desde una intensidad sobrenatural que trascendía todas las esferas de esta tierra y nos susurrábamos I love you so fucking much con furia, con amor y con cansancio, y nos aferrábamos a la esperanza de sobrevivir a la contrariedad de nuestro amor. 

Eras simultáneamente sombra y espejo; guía y perdición..., mi agresor y salvador.

Pero una semana antes de irme la idea de tener que seguirme hasta Francia te llenó de rabia. Me pediste que escogiera entre Francia o una vida en Seattle contigo. Y cuando escogí mi sueño entendiste, por fin, que no habías logrado meterte en mi mente como lo habías orquestado. Sentiste que todo un esfuerzo de tu parte había sido fundado en el vacío de una vana ilusión desde el día que había llegado a tu casa por primera vez.

La última noche antes de irme llegaste en tu carro negro hasta donde me estaba quedando porque al otro día unos amigos me llevarían al aeropuerto. Y bajo un cielo amplio y oscuro que nos observaba desde lo alto me dijiste adiós con la cara mojada, me designaste todas las estrellas, y me pediste que te recordara entre los árboles que desde ya nos rodeaban. Y así lo hice, ángel negro.

Ya no te guardo rencor de nada. Hoy reconozco todo el daño que también te hice y la maldad que me hallaste, porque aún la veo. Este escrito es mi elegía a la memoria íntima de una relación marcada por la luz más fulgente y a su vez la oscuridad más honda. No pretendo redimirme ni victimizarme, sino dejar constancia de lo que alguna vez viví. Y aunque de cuando en cuando seguiste apareciéndote en mis sueños nunca quedaron respuestas claras, solo el abismo de un amor imposible que hoy por fin acepto como todo lo que fue.


jueves, 29 de mayo de 2025

The unsaid

Black Angel,

let me fall into the trap of your dark love.

Murder my life,

make me feel weak and adored.

Today I feel like sinking

into the smoke of your dirty, reckless cigarettes;

I want to feel the days,

the parties, the sleep

slipping by,

while you distract me with this sweet pain.

Cruel magician,

bring the moon to my feet.

Lick my wounds with your wild tongue

and then burn me with your misty kisses.

Say goodbye with your tear-streaked face

and find me at the edge of your door,

only to let me in once more.


martes, 27 de mayo de 2025

Lo nunca dicho

Ángel negro,

déjame caer en la trampa de tu oscuro amor.

Asesíname la vida

hazme sentir débil y adorada.

Hoy tengo ganas de hundirme 

en el humo de tus cigarrillos sucios, imprudentes;

quiero sentir que se me pasan los días,

las fiestas, el sueño,

mientras me distraes con este dulce dolor.

Mago cruel, 

tráeme la luna a los pies

lámeme las heridas con tu lengua salvaje

y quémame después con tus besos brumosos.

Dime adiós con la cara empapada

y encuéntrame en el borde de tu puerta,

para luego entrar una vez más.


(2021)

The end of you


Fue brusco, radical, inesperado. La noche anterior me habías llamado y me dijiste I really fucking like you entre lágrimas y sollozos. Siempre me gustó que lloraras con esa libertad de quien no pretende adornar sus sentimientos con una máscara. Siempre me gustó que no escondieras tu lado más sensible, humano, emotivo. La mañana siguiente también me llamaste y me dijiste you really fucking suck con rabia, con remordimiento, con fuego en las palabras.

STOP TALKING. Y me quedé muda.

Estas tardes de invierno de cielos enteramente azules y sol persistente me llevan a ti. Me recuerdan a ese domingo que salí a tu balcón semi desnuda y eran las tres y media de la tarde y el sol tenía ganas de atardecer pronto. Me hacen querer llegar hasta tu calle y pararme en medio de aquel puente pequeño para observar el estanque, los patos, el sosiego sobre el que reposan las horas, los árboles con sus ramas flacas, desnudas, frías.

Me he entregado al delirio de que en cualquier momento apareces para fumar tus cigarrillos malditos y así vuelvo a recomponer la existencia de ti de una forma más palpable, más física, más real. Pero si eso ocurriera sé que ya no me hablarías sobre árboles con una chispa de luz gobernando tus ojos verdes y una leve sonrisa en tu rostro perfecto. No me enseñarías a diferenciar un pino de un abeto, no me pedirías que te acompañe a fumar un rato para recibir la mañana sino que me lanzarías palabras mezquinas a la cara y me gritarías algo así como what the fuck are you doing here con los ojos llenos de una furia despótica.

Sé que algún día, después de mucho tiempo, pasaré por tu casa y no veré tu auto porque te habrás mudado a una ciudad mejor como lo habías planeado antes de conocerme. Me quedaré con el fantasma de ti, de lo que viniste a ser en mi vida alguna vez en tan poquísimo tiempo y con tanta intesidad.

Sabiendo que nunca más podré volver a verte y temiendo que algún día volverás a tomar la decisión de no vivir más opté por conservar mis fotos de ti y algunos videos aunque me hayas pedido borrarlo todo. También decidí guardar aquella grabación en la que me dices I am very attracted to you, y me confiesas tu condición y cómo percibes tantas cosas desde tu mente única, brillante, autista. Me duele.

El presente

Han sido días de muerte espiritual. No me siento en mi propio cuerpo. No me hallo la mirada en mis propios ojos. Si logro reunir las fuerzas para meterme en la bañera y limpiar un poco de lo que resta de esta tristeza invasiva, no me sobran las suficientes para caminar hasta el armario y vestir mi desnudez. Entonces me siento  en la cama envuelta en una toalla temblando de frío, de preguntas, de dolor, y rompiendo, al fin, en un llanto agudo que responde a deshora a mi turbión de emociones. Luego observo la ciudad desde mi ventana porque tengo la leve certeza de que a lo lejos se alcanza a divisar una hilera de casas blancas de techos oscuros perfectamente puestas, y una de ellas es la tuya.

No hicimos tantas cosas . . . no te mostré un poco más de mi música como me pediste que lo hiciera. Tampoco yo te pedí que me pasaras tus canciones, tus listas de reproducción de canciones preferidas. Siempre pensé que habría más tiempo para hacerlo después, pero no fue así. No nos tomamos un café en West Side un domingo en la mañana. No viajamos a Salt Lake, no nos quedamos una noche allá. No celebramos navidad juntos. No volveremos a hundirnos en un viaje con hongos. No continuamos despertando en las mañanas o durante el día junto al otro sintiendo que una segunda piel nos hacía sentir más vivos que la nuestra propia. Pero hicimos tantas otras que bastaron para dejarnos la conciencia tranquila si no contrariábamos la verdad porque era un hecho que nuestras personalidades colisionarían siempre y nuestra relación, en cualquier punto, iba a colapsar en una espiral de puro caos y barullo. Pero me inquieta el pensamiento de que me faltó tiempo, quizás toda una vida para entender tu trastorno, para entender ese espectro tan incomprensible incluso para quienes entregan el papel mientras dan el diagnóstico, y en el intento de encontrar algún consuelo que aplaque mi cargo de conciencia leo en Reddit todo tipo de experiencias de personas como yo que, irrebatiblemente, cedieron ante el agobio de mantener una relación de dos mundos que no logran coincidir. También ellas vivieron el insoportable tormento que trae consigo un fin que aunque duele también alivia.

Terror

Tus palabras gritándome de lado al oído. Enfáticas, agresivas, engarzadoras hasta hacerme saltar del asiento y encogerme de hombros como si así pudiera menguar el pavor. GET THE FUCK OUT! NOW! Agarré mis cosas y salí de tu auto tragándome una humillación que pesaba como piedra. Terror fue siempre también tu atención a los detalles tan poco perceptibles para quien no está en el espectro, es decir, prácticamente todas las personas con las que me he relacionado a lo largo de mi vida. Así supiste que mi corazón no estaba del todo contigo, sino que estaba en otro lugar, en otro país. Así distinguías que me desconectaba de los momentos, de las conversaciones. Que se me iba la mirada aunque me esforzara por mirarte directamente a los ojos. Diste en el blanco de mi mayor debilidad. Me hundiste en las verdades e intenciones de mi ánima en las que nadie nunca supo reparar. Me filtraste completa. Me descubriste. Y en mi mente nunca supe distinguir si fuiste un verdadero tirano o simplemente un brillante autista.

El comienzo

Fue imprevisto, prometedor, especial. Esa noche llegué a tu casa después de un extenuante vuelo desde Orlando. Habíamos quedado en encontrarnos pronto para hablar y fumar. Para conocernos. Esa noche no noté nada en ti. Fue después cuando me confesaste que habías hecho un sobresfuerzo por renunciar a ti mismo para no espantarme con tu rareza, con tus comportamientos a veces incomprensibles. Me explicaste el concepto de la máscara. Y efectivamente con el paso de los días mi idea de ti se fue desarmando y fuiste tomando otra forma, otros matices de tu ser que junto al mío desataron terribles vorágines a raíz de nuestras acentuadas diferencias conductuales.

La duda

¿Qué será de ti? ¿Qué pasará con tu cuerpo, tu salud, con la cirugía que necesitas y de la que dependen tantas cosas? ¿Persistirá en ti tu deseo de morir tras esa detestable llamada médica? Una última noticia condicionaría el resto de tu vida y podría trazar el principio o el fin de muchas cosas. Me pesa la incertidumbre. Me agobia el desconocimiento de algo que siempre me importó mucho sobre ti, aunque no lo hayas querido creer. Solo puedo desear en mis plegarias nocturnas que alguna intervención divina te sane, te libere del dolor.

La despedida

A veces el adiós toca a solas y en silencio. Así uno escoge en qué condiciones cerrar el telón. Qué dejarle al público y qué llevarse al camerino en donde habitan los verdaderos pensamientos, las verdaderas emociones.

Así te doy las gracias y te beso por una última vez. Porque aunque solo en mi cabeza este escenario sea posible, en la vida real lo habría hecho de esta forma sin pensarlo dos veces.

Cuando se acabe la fiesta


Cuando se acabe la fiesta 

y no suene más una canción

acuérdate de las palabras

que siempre nos quedaron.


domingo, 30 de octubre de 2022

Black

26 de abril de 2021


Por mucho tiempo he intentado acomodar mis sentimientos en la indolente estrechez de las palabras. Debatiéndome entre buscarte y no hacerlo, he distraído el corazón con canciones, con lugares, con vagas impresiones. En el fondo sé que hay un ávido deseo mío de devolver los pasos para salir corriendo hacia ti. Tantas veces te he hablado en oraciones diciéndole a Dios lo que quiero decirte para que luego Él te lo diga. Le he pedido que te desee un lindo día, un sueño profundo cuando cae la noche y sé que ya duermes..., una buena vida. Te he hablado en el silencio de las doce, te he invocado con canciones que todo de ti me remueven. He remojado tu nombre en mis labios manchados de agua salada de lágrimas, he deseado llamarte cada sábado en la noche, cada domingo a las seis. Te he revoloteado en pensamientos cada día que suma y el silencio entre los dos se hace un abismo más grande. 

He releído tus cartas pasando la punta de mis dedos sobre la tinta de las letras como si así pudieran sonar como hubiera sonado tu voz al pronunciarlas. He sacado de la cajita de bordes negros las dos fotografías que me enviaste una vez y al verlas me he imaginado el principio de todo, porque ahí fue. Me llega el frío de las noches en la Avenida 19, me llegan los colores de las luces neón, el sonido de las llantas de los autos salpicando charcos sobre el asfalto. Me llega el beso que te robé y después el que nos dimos como dos amantes que se besan por primera vez.

Quisiera llamarte, preguntarte oye corazón, no recuerdo si te gusta Pearl Jam, algo me dice que sí. ¿Te gusta Pearl Jam? Anoche escuché Black en un pub al que quise ir sola porque era eso o alguna mala compañía. Preferí la cómoda soledad. Al escucharla rompí en llanto pensando en que algo de ti tenía esa canción pero no te preocupes corazón, nadie me vio. Al lado mío solo había una pareja de enamorados que estaban ocupados amándose y pude taparme media cara con el tapabocas black que llevaba puesto. Desde entonces he estado escuchándola sin parar y te pienso con más intensidad. Black como Black Hotel. Black como los bordecitos de la cajita que me diste, black como tu foto en WhatsApp, black como mi maleta que te encantaba y que no sé si la botaste al fin o no como dijiste que lo harías; supongo que sí. Oye corazón, black como la chaqueta que me regalaste una vez de sorpresa para que saliera a correr con ella en las mañanas. Black como esa vez que me dijiste c'est noir l'amour, o algo así, y yo te dije qué va, l'amour est rouge, y así empezó lo nuestro hasta que después se tornó negro; supongo que tenías razón. Black como mis días ahora, que se han vuelto calendario y sobreviven a tu negra ausencia.

Oye corazón, I know someday you'll have a beautiful life. I know you'll be a star in somebody else's sky, but why why why, why can't it be mine?

Cierro los ojos y mientras escucho Black me llega el sabor de tus besos sabor a cerveza con noche en Penumbra. Me llega un agujero punzante de tu voz y algún discurso contundente tuyo que me hacía pensar mierda, este hombre habla mierda bonita, mierda elegante, que siga hablando mientras lo miro y la noche se pone más vieja. Me llega alguna imagen rota tuya de un fin de semana agrietado recostado en el sofá de tu casa, a solas, y la pantalla del televisor encendida mientras tomas cervezas con alguna canción triste y oscura como Black. Me llegan ecos de tu voz. Me llegan formas de tu rostro y de tu cuerpo. Me llega una extraña nostalgia de una época que no duró mucho, pero que en ese entonces sabía a eternidad.


miércoles, 26 de octubre de 2022

Freaking ghost

escrito el 26 de octubre de 2021

Shine a light — Spiritualized


You're somewhere in this small town full of crap. Full of nothing. Full of you. Full of emptiness. You're a ghost in this small town and I wonder where you're at right now. What you're up to in your busy life. Musician. Magician. Freaking ghost ghosting me over and over. Tranquilo muñeco, todo bien. No te culpo por no ser mi idea de ti. I can't blame you for not being my idea of you. I can't I don't. I don't blame you. Tranquilo muñeco yo solo quería inyectarme un poco de tu voz en las venas un poco de dolor esa noche de viernes que fui a buscarte en mi disfraz de ángel caído ángel roto ángel triste y fatigado ángel negro fallen angel tranquilo muñeco yo sé que esa noche se rompieron muchas cosas se rompió todo se rompió el humo de colores en WhySound se rompieron los disfraces se rompieron las guitarras se rompió el cielo negro el cielo frío se rompieron las ventanas desde donde se veían las luces de colores encendiendo la noche de un poco de verde de azul de rojo de magenta desde donde se oía la música del concierto el ruido de la gente y yo desde el andén supe que allí adentro estabas en algún lugar en algún rincón entonces me giré y moví la mano en el aire para decirle adiós a mi amigo porque esa noche él había sido un ángel bueno y me había traído y al despedirme le dije en mi mente algo así como no te imaginas en lo que me estoy metiendo no tienes idea de adónde me acabas de traer pero tranquilo angelito que yo voy a estar bien gracias por hacerme el favor y le regalé una sonrisa medio triste medio húmeda medio fatigada medio rota porque los ángeles caídos no sonríen en todo caso cuando llegué a la esquina aceleré el paso y le di la vuelta al sitio corriendo con mis alas negras que desprendían un olor a tristeza a corazón empolvado a calles sucias y mojadas I wanna smoke with you.


En la entrada del lugar se extendían múltiples hileras de luces amarillas que se arqueaban sutilmente hasta un muro que había enfrente y le daban un toque un poco triste a la noche un poco melancólico al cielo negro que me observaba desde lo alto. Cuando llegué a la puerta empecé a buscarte y el humo del concierto me llenó los ojos de excitación de satisfacción momentánea de tu voz de tus ojos de mirada intensa de tu pelo negro me llenó los pulmones de muerte y las luces me pintaron la cara la aureola las manos tristes las alas negras las botas negras I wanna smoke with you el tutú negro el corazón negro. Crucé el corredor estrecho ignorando a las personas que estaban en grupos regadas por ahí o más bien ellas me ignoraron a mí de cualquier forma te vi a los pocos segundos de haber entrado y observé que estabas de espalda al lado de una pared roja. Te iluminaba una luz azul brillante que se desvanecía sobre ti un poco triste un poco solitaria un poco sacudida por la noche. Estabas frente a la consola de sonido dirigiendo el ruido del concierto que era algo así como rock psicodélico con un poco de folk y un poco de indie y vi que tenías los cinco sentidos puestos allí. El corazón se me empezó a nublar de humo de colores y sonidos. Se me empezó a llenar de agua. Tuve algo así como una mala corazonada y claro los siguientes minutos las siguientes horas todos los siguientes segundos sumados fueron un salto al vacío y entonces ahí supe que en realidad no estaba disfrazada del todo que más bien sí era un ángel triste un ángel roto un ángel fatigado un ángel caído del cielo en el que la vida me había permitido estar la noche del lunes que te conocí la noche que escuchamos Brian Eno en el sofá de tu habitación la noche que me preguntaste si podía hacerte una playlist con mis canciones favoritas y yo te dije claro muñeco ni más faltaba mientras el humo nos pintaba la cara nos pintaba los labios nos pintaba las manos I wanna smoke with you.


Me acerqué para hacerme a tu lado y me gustó tu disfraz de Ash Ketchum o no sé qué pero en todo caso llevabas una chaqueta verde, una camiseta blanca, unos jeans, una gorra, tus gafas de siempre y tenías pintada en la mejilla una Poké Ball y me pareció que ese disfraz infantil tuyo te hacía más irreal de lo que ya eras y extrañé tu versión del lunes pero de todas formas eras tú. No me notaste. No te diste cuenta de lo cerca que estaba a ti sino hasta un par de minutos después cuando un hombre delgado y medio viejo se acercó desde la multitud del concierto para decirte algo así como hey, great sound man, y entonces giraste la cara hacia un lado y cuando por fin me viste solo alzaste las cejas y sonreíste sin ganas. No me hablaste. No me preguntaste nada. No me dijiste nada. Decidí ir al baño para esconder mi tristeza y cuando me alejé de tu lado me giré para ver si habías notado que me había ido repentinamente y no lo hiciste. Claro, estabas ocupado. Estabas trabajando al fin y al cabo. Ni más faltaba muñeco, no tenías que decirme nada igual. En el baño llamé a Andrés y le mostré mi disfraz y le dije mírame muñeco soy un fallen angel y Andrés me dijo todas las cosas lindas que tú no pudiste decirme esa noche y nunca más. Después alguien empezó a tocar la puerta y yo tuve que salirme rápido y como no supe adónde más ir subí al estudio donde habíamos estado la noche del lunes que me dijiste sonriendo I wanna smoke with you. Claro, yo también quiero fumar contigo.


En el estudio hablé con Andrés de Nueva York de nuestra amistad de las veces que habíamos estado juntos de esa noche de mierda de gomitas de cannabis de la vida del futuro de lo jodido que estaba todo hablamos de ti. Después le dije que la música estaba buena y que quería regresar al concierto. Cuando volví adonde tú estabas me acerqué a la pequeña multitud de personas bailando, fumando, riendo, moviéndose de un lado a otro. Yo me quedé en una esquina con las alas caídas y rotas y las botas negras pegadas aferradas al suelo como si fuera incapaz de moverme como si tuviera pegante permanente aglutinado a las suelas como si las botas me pesaran doscientos kilos como si fueran botas de plomo. Me pesaba la desilusión. Me sobre abrumaba la tristeza. Me giré un par de veces para verte para ver si me veías si me buscabas entre las personas y nunca lo hiciste. Fresco nene, todo bien. Yo sé que de mí ya no quieres nada.


Cuando acabó el concierto me acerqué para hablarte y tu estoicismo me dejó aún más rota más triste más hundida más fallen angel. Me quedé de pie observándote mover cables, cosas, alzando micrófonos o algo así. No podía distinguir exactamente lo que hacías en parte por la oscuridad y en parte porque tenía los ojos nublados de desencanto. Entonces me acerqué un poco a ti un poco a la muerte y puse mi boca pintada de labial dorado eléctrico en tu oído para hablarte de cerca porque la música opacaba mi voz. Te pregunté si podíamos hablar en un rato y súbitamente empezó a discurrir un desfile de personas en medio de los dos que se dirigían a la puerta mientras reían, hablaban, gritaban, te decían adiós, te daban las gracias por esa noche de luces de ruidos de humos de sudor de colores, gracias por ese gran show. Claro, gracias por esta noche de mierda muñeco. Ni más faltaba. Todos tenían que ver contigo y mientras tanto yo veía cómo evadías mis ojos disimulando toda tu atención sobre los rostros de las personas que aparecían cada vez más con sus risas y ruidos escandalosos y la conversación se cortó como se me cortaban las alas en ese momento pero en todo caso te dije que te esperaría arriba y cuando subí al estudio me senté en el sofá un poco mareada, un poco perdida, un poco confundida, un poco high. Cuando llegaste escuché el ruido de la puerta al abrirse y el corazón se me llenó de miedo cuando vi los dedos de tus manos blancas asomarse sobre el marco de la entrada cuando vi tus zapatos blancos, tu silencio, tu evidente incomodidad. Hablamos más o menos por una hora en aquel estudio donde se grababan las canciones y ahí grabé una parte de nuestra conversación. Estaba tan fumada que quise grabar tus palabras para que después no las olvidara quise grabar tu voz quise grabar ese momento que más adelante no iba a significar nada pero para mí iba a significar muchas cosas. Esa grabación solo la escucho cuando me haces falta y necesito recordar las razones por las que no debería volver a buscarte. Fuiste honesto. Un poco indolente. Un poco douchebag. Un poco musician. Un poco magician. Freaking ghost. Vanishing into thin air till there's nothing left from you. Evaporating into the ether. Going for a loaf of bread and then never coming back. Recuerdo que al final de la conversación me diste un abrazo a medias que no me bastó para volverme a pegar el corazón fracturado. Esa noche se rompieron cosas que aunque ya venían frágiles no estaban necesariamente rotas. 


Después bajamos un rato y conocí a algunos de tus amigos artistas. Uno de ellos se llamaba Sam y me gustaba su voz y su melena rebelde y mientras hablaba con él sobre los puentes de las avenidas y los helados de Crepes pensaba en lo jodido que estaba todo y en lo jodida que estaba yo y en lo jodida que estaba la noche y pensé mierda, definitivamente la cagué. Luego subimos al estudio porque afuera hacía mucho frío y ahí te despediste de tus amigos te despediste de mí te despediste de todos y te fuiste a tu casa como un fantasma. Freaking ghost. Entonces bajé las escaleras y regresé al gran salón de humos y colores que ahora se hallaba casi vacío. Un grupo de jóvenes estaba sentado en un sofá que se extendía al lado de las paredes escuchando buena música mientras hablaban, reían, fumaban, y yo me senté junto a ellos como una extraña en un mundo ajeno en una silla que había frente a un piano viejo y abandonado. Miré alrededor. Miré las luces navideñas en el escenario, luego las luces de colores, miré los pompones de papel púrpura que colgaban del techo y aún se mecían un poco lento un poco con desgana mientras la bola de disco lanzaba destellos medio rotos, medio apagados, medio vueltos mierda. Observé el puesto desde donde hacía un rato habías estado controlando el sonido del concierto con la consola y me pareció sentir tu ausencia con más intensidad. Ya no estabas.


Do you find it gets a little easier each time you make it disappear? Alguien pone a sonar The Magician y me parece que me estoy ahogando en esa canción que me estoy hundiendo en mi tutú negro como si fuera una piscina de agua negra y centelleante y veo el salón veo a los jóvenes sentados hablando riendo fumando bebiendo veo la noche veo tu puesto vacío. Fui al baño y escribí en la pared blanca freaking ghost con labial azul con las manos tristes con las manos llenas de rabia de cansancio de vacío de impulso momentáneo de desesperación. Luego caminé hacia la puerta arrastrando los pies y de las alas negras se desprendían plumas rotas y un olor a tristeza vacía a medida que abandonaba el lugar y nunca más volví a verte.


Esa noche se rompieron muchas cosas. Se rompieron las risas se rompió el brillo de la luna se rompieron las palabras se rompió el silencio se rompió la música que llenaba el salón de conciertos se rompió la noche se rompieron las voces los corredores las escaleras se rompió el baño de letras y jeroglíficos en las paredes se rompieron los murmullos se me rompió el corazón I wanna smoke with you. Claro, esa noche se rompieron muchas cosas y lo peor fue que nunca lo supiste.

(Texto inspirado en Opio en las Nubes de Rafael Chaparro).