domingo, 22 de noviembre de 2015

You are...


The boy who blocked his own shot - Brand New

I find it disgusting




I find it disgusting that you'll probably forget my name in a years time and I'll say yours in my sleep for the rest of my life. You say I don't care, but the only problem I have is I care too much. I'm sorry. I'm sazzy that I can see fucking galaxies in your eyes and you can't find a single star in mine.


The hardest person to love...


The hardest person to love was always yourself.

You who sips your cup of black coffee every morning, you with the untamed hair and wrinkled sweaters, you with your habit of overthinking, you with your tongue of quirkiness and you with your weird mannerisms and you you you-

You.

You with the long quiet sighs when you’re having a bad day. You with all your imperfections on the tips of your fingers and memorised like the back of your hand. You with insecurities that you at times think as ridiculous and you - you only being human.

The hardest person to love was always yourself.

Because in a world of colour and shapes; how could you even imagine fitting yourself in it like a missing piece to a puzzle? In a world of society rules and standards, how could you - you find a place for your imperfections to flow out and for your insecurities to fade into something along the lines of pride?

You have to love yourself.

Trace your lines of imperfection with gentle fingertips; breathe in your insecurities like the air of autumn and winds of spring. Be perfect in your own way; whispering how being you was being beautiful and how other people don’t matter and how you were always so so beautiful beautiful beautiful-


The hardest person to love was always yourself.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Ya casi 2 años

¿No es increíble? Hice las cuentas mirando fechas de mis entradas pasadas y han pasado al rededor de cinco meses desde que no escribo en Infinitesimal. Seguramente me pierdo y a cualquiera le daría la impresión de que es porque ya lo dejé (ojalá fuese así), pero la realidad es otra. Me fui porque de la nada la vida me atrapó con otras cosas. La uni me ha mantenido muy ocupada y desde que dejé el blog empecé a comer tanto y me resultaba TAN difícil volver a restringir, que ya no me sentía digna de volver a un blog en el que hablo de mi anorexia a manera de diario... me empecé a ver muy lejos de ese mundo. Lejos de la niña que pesaba 44.4 e incluso menos. Así que me alejé...

Y D, D era otro motivo. Al final empecé a dedicar este blog más a él que a mi propio desorden y me desvié... en esa época empecé a comer mucho. D me causaba una ansiedad inmensa que solo me provocaba atracones y noches de llanto. Pero ahora las cosas han cambiado. He perdido peso y he vuelto con D. Pelié por él a capa y espada, sufrí y lloré mil veces, y ahora puedo darme el lujo de decir que es mío nuevamente y que lo amo con todo mi ser. 


Y bueno... ¿A qué viene el título de mi entrada? A que en un mes se cumplen ya dos años desde que todo empezó. Hace dos años en un día común y corriente me paré frente al espejo de mi habitación y me vi las piernas. Dos años con altos y bajos, con días buenos y malos, y aquí estoy. Vivir con un desorden alimenticio es vivir con una lucha constante que te trae y te lleva constantemente. Alguna vez pensé que no me arrepentía de haber caído en esto, pero, ¿a quién engaño? ¿Qué no daría por tener una vida tranquila? ¿Qué no daría por comerme un chocolate sin tener esa horrible sensación de que inmediatamente engordaré 5 kilos? 

Dos semanas

Intentaré entrar un poco más en detalle. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que no entro aquí, es difícil explicarlo sin extenderme mucho, pero lo intentaré. 

Hace dos semanas, tuve la idea de hacer una carrera de kilos con una amiga que sufría de bulimia. ¿Por qué hice esto? Primero, por idiota, claro, y segundo, porque jamás lo había hecho con alguien y quería hacerlo por primera vez. Quería probar. Tenía la sensación de que esta vez sí funcionaría, después de mil intentos fallidos, por el solo hecho de que estaría acompañada; ambas nos daríamos apoyo y al final tendríamos que rendirnos cuentas mandándonos fotos cada mañana de nuestro peso, para ver qué tanto estábamos perdiendo.

Las reglas eran las siguientes: no pasarnos de 200 kcals en el desayuno, no comer nada en la uni, aguantar hambre hasta el almuerzo, dejar algo en el almuerzo (no dejar el plato vacío), no cenar, abstenernos de cualquier tipo de dulce y harina, y tomar mucha agua durante el día. Básicamente eso. Suena simple, ¿no? Todo suena muy simple hasta que lo vives. Hoy se terminan nuestras dos semanas y ambas nos enganchamos tanto, que queremos seguir haciéndolo hasta no sé cuándo. Hasta que no podamos más, seguro. 


Sé que hace poco estaba diciendo que quizás llegaría hasta los 43 cerrados, pero ahora que fui a ducharme, me miraba al espejo y me preguntaba: ¿Y dónde están esos supuestos 43.6? La verdad, no los veo, no los siento, no me los creo. Quizás, solo quizás, llegue hasta los 42. Al fin y al cabo, es cierto eso de que nunca será suficiente. Never good enough. Dios... es tan cierto. Nunca hay una meta. Todo es una ilusión inmensa que al final desaparece, cuando te paras en la balanza y ves un número que ya ni te causa emoción. But that's how eating disorders work, right? Nada tiene sentido cuando uno sufre de esto. 

Hoy se terminan nuestras dos semanas... empecé con 47.1 y terminé con 43.6. Nada mal, la verdad. Pero no puedo dejar de preocuparme, no solo por mí, sino por mi amiga... y es que la quiero tanto, que siento que he sido una idiota y todo lo que he hecho es causarle daño con esto. NADIE, NADIE ABSOLUTAMENTE NADIE en este mundo merece sufrir de algo así. Es un infierno, lo juro. Sin embargo, siento que en estas dos semanas hemos estado tan unidas, que me hace muy feliz. Siempre apoyándonos, siempre contándonos qué sentíamos, qué pensábamos, cómo había estado nuestro día, qué comeríamos, qué nos habían ofrecido y habíamos rechazado. A mí, por ejemplo, acaban de ofrecerme una chocolatina Milky Way mini y la he guardado en esa caja de zapatos donde he estado guardando toda la basura que varias personas me han estado ofreciendo durante estas dos infernales semanas.

Pero vale, ¿y a qué venía todo esto? Mi plan para esta carrera de kilos era estar lo suficientemente flaca para el 3 de noviembre. Es decir, ya casi. En dos días iré a ver a Damien Rice en concierto y yo solo quería estar flaca para esa noche. Aún quiero estarlo, claro. Iré con un amigo y quiero que, aunque sé que no me lo dirá, me vea flaca. Pero claro que más allá de todo esto está eso que se llama obsesión, que te engancha y te envenena y te atrapa, y ahí estoy yo. 

Atrapada.

Nunca más

¿Por qué soy tan tonta? Parece que todavía no aprendo a quedarme callada y a no contarle mis secretos a nadie. Debo entender que nunca más debo hablarle a las personas sobre mi desorden alimenticio. ¿Por qué? Porque a nadie le interesa, porque nadie se lo toma en serio, porque a nadie le preocupa. Por eso. 

La última vez que estuve metida de lleno en este blog fue en mayo, supongo. Cuando "Ana" era algo que resplandecía en mi vida y estaba perdiendo peso en muy poco tiempo. Recuerdo que una de las entradas se titulaba 44.4. Hoy vengo con la noticia de que una vez más, vuelvo a caer. Hoy se cumplen dos semanas desde que he estado restringiendo como nunca antes. Dos semanas de abstenencia, de enfermedad, de debilidad, de depresión... pasan tantas cosas en tan solo dos semanas, que creo que no podría expresarlas todas en una sola entrada. Pero sí puedo deciros que ha sido duro, un sacrificio inmenso que al final te deja rota. Estoy rota por dentro. Peso 43.6 y en estos momentos estoy justo en el punto en el que tengo miedo de bajar y de subir. De bajar, porque cada vez más siento que mi salud está en riesgo, y de subir, porque tengo miedo de atracarme de nuevo, de caer en los brazos de ese horrible binge eating disorder que me arruina la vida. Quizás llegue hasta 43.0... no lo sé, no lo sé.