jueves, 30 de abril de 2015

Abzurdah - Cielo Latini

¿Quién puede saber más de anorexia que nosotras, las propias anoréxicas?
Aseguro que ningún medio, médico, psicólogo o psiquiatra. ¿Quién puede saber más de
cáncer que una persona que lo sufre? ¿Quién puede saber más de amor a los hijos que
una persona que es madre? ¿Quién puede saber lo que es el amor si nunca lo sintió?
¿Qué clase de médicos puede entender lo que las anoréxicas sentimos y vivimos si
nunca fue anoréxico? Yo puedo estudiar el comportamiento de las aves y sin embargo
nunca voy a saber como se siente volar. Cursi pero cierto, no hay palabras de más en mi
discurso.


Ugh

Esta semana he visto en la uni a chicas tan, tan delgadas. Sufro por dentro.

Joder es que qué envidia me da, madre.

Sus piernas son delgadas. Son todo lo que las mías no son...


Sí, quiero ser perfecta. Pero para ello necesito por lo menos desquitarme de 4 kilos más.

Hoy he ido a comprar ropa. Sinceramente, no fue tan mal como lo esperaba.

En el vestidor me veía distinta. Más delgada. Más petite y menudita.

Después de todo creo que me siento orgullosa de mí misma.

Hoy

Hoy en la mañana he desayuno poco. El desayuno era avena con un wrap de queso.

El wrap se lo he dado casi todo a mi perra (ella es mi salvación), y la avena... Bueno, esa sí me la he tomado toda.

140 calorías.

Y en el almuerzo... Me he deprimido mucho. Mi madre hizo sopa de verduras, papa y arroz. Me la he tomado toda, pero las papas las he dejado.

Es que no. Ew. Eran tres enormes papas y el solo verlas me causaba terror.

En fin. Que eso ha sido todo por hoy.

En unas horas me tomaré mi té verde, y ya está.

Tengo miedo de mañana.

Mañana es el cumpleaños del chico con el que me vi ayer... 

Lo he invitado a casa a almorzar. Haremos lasagna. 

Uf... 

Qué horror, madre. No voy a poder terminar la semana bien por esos cumpleaños.

Intentaré comer lo menos que pueda. 

Intentaré.


No sé qué pensar...

Hoy he tenido un día raro de cojones.

En la ducha me siento tan bien...

Es increíble cómo me siento más pequeña, más delgada; siento que lo logro.

Pero he tenido un día raro de cojones, repito. La gente no nota nada, joder. Al contrario, hoy varias personas me han dicho que "así estoy bien" que "soy delgada".

Pero espera. Es que yo NO quiero estar bien. Quiero verme anorexic skinny. Quiero que lo noten y me digan "oye, te ves muy delgada ya". Pero eso no pasa.

Otro tío me ha dicho que "mis piernas no están tan delgadas como él creía que lo eran". WHAT. THE. ACTUAL. FUCK.

Fatass.

Dios... Es que no he podido evitar sentirme mal por ello.

Sí, lo sé. Mis piernas son dos enormes pedazos de grasa.

¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Quiero tener thigh gap. Quiero sentirme bien con mis piernas. Quiero mirarme al espejo y no horrorizarme de lo que veo.

Me he vuelto a pesar hoy.

44kg.

No sé el peso exacto, porque esa vez la báscula era distinta. Pero sí sé que claramente estaba por debajo de 45kg.

Sé que debería estar contentísima, pero la verdad es que en el momento que lo supe no supe ni cómo reaccionar.

Me dio tan... igual.

Fue una reacción tan impasible, que me sorprendo yo misma. Pero bueno, ¿qué más da? Seguro me da igual porque sé que no es suficiente.

Quizás lo sea cuando llegue a 43. Quizás no.

Creo que esta semana lo he hecho muy bien. Si sigo así la próxima semana, llegaré lejos. Lo sé.

Llegaré muy lejos.

miércoles, 29 de abril de 2015

Tres días

Tres días, aunque no exactamente sin comer nada. Pero tres días sin atracarme o inflarme a bombones, galletas o chuches. Tres días comiendo menos de lo normal. Tres días intentando ser fuerte y teniendo la suficiente fuerza de voluntad para decir NO.

No a la comida. No a mi cerebro, que muchas veces me ha hecho perder el control.


Tengo miedo, amigos. Lo malo de perder peso, es ese miedo a ganar lo que has perdido (e incluso el doble de lo que has perdido). Y tengo miedo de los atracones, que usualmente vienen a mí (o más bien, yo voy a ellos), cuando he pasado días esforzándome por evitar la comida lo más que puedo.



Uno no sabe qué hacer. No se halla.

Pero es que esta vez estoy tan tan decidida, que una parte de mí me dice que me calme. Que no pasará. De hecho, que entre menos piense en ello, menos probabilidades habrá de que suceda. Así que por ahora me esforzaré por no pensar en atracones, ni en la lista larga de alimentos que echo de menos y que moriría por saborear ahora mismo.


Últimamente me he despertado con la motivación de tirar rápidamente de las sábanas de encima para mirarme al espejo. Me levanto con la barriga tan plana que me siento feliz. Y me gusta verme y creer que he bajado.


Se siente bien.


Espero con ansias que sea mañana.

Asco de todo

Pues al final he dormido la siesta, y me ha sentado muy bien.

Lo de la conferencia fue un fracaso en todo el sentido de la palabra. Todo terminó siendo una espléndida pérdida de dinero y tiempo porque cuando llegué me enteré de que la habían cancelado. Bonita hora de haberme enterado, sí. Así que nada. Toda una tarde perdida.

Lo positivo es que he caminado. ¡He quemado calorías! 

El resto de la tarde/noche lo he pasado con un chico a quien al parecer le gusto mucho. Pero él no me gusta a mí. Y en parte ha sido agradable y en parte no. No sé qué pensar, la verdad. Es algo difícil.

Estoy feliz porque hemos entrado a un McDonal's, y bueno, ya sabéis... Toda la tentación en su máxima expresión, ahí, frente a mis ojos: El olor a papitas fritas era impresionante.


Claro que no solo eran las papitas. No. Eran las personas abriendo la boca y extasiándose de esas deliciosas y horribles hamburguesas de McDonal's. Era el olor a papitas, a pan, a helado, a carne, a queso. ¡A todo!

Y al ladito había un McCafé y... Uf. Ver tantos postres y galletas me estaba matando por dentro. Todo lo que tenga que ver con repostería es mi mayor debilidad. Y es que todo se veía tan bien que. 

Que nada.

Que aunque me ha costado, me he aguantado las ganas y el hambre. Y no he comido nada.

¿Pero sí será cierto? ¿Hambre? A veces pienso que me he acostumbrado tanto, que aunque pasen las horas con el estómago vacío ya ni me doy cuenta. No le presto atención.

Lo he estado pensando..., y la verdad es que esos 45.4 kilos no se ven por ningún lado. Sigo viéndome igual de gorda. Nada cerca de mi objetivo. Nada que pueda asemejarse a una princesa como Ana. Y eso me pone triste. 

¿Qué debo hacer? Ser constante. Si en verdad quiero perder 2 kilos (por lo menos), debo ignorar la comida, el cansancio y el hambre por lo menos durante una semana más, y más bien enfocarme en otras cosas.

Va a ser difícil, lo sé. Pero merecerá la pena.



Muero de ganas por verme delgadita y muy perfecta. Muero de ganas por que mis asquerosas piernas empiecen a mostrar un espacio ahí, arriba, entre mis espantosos muslos. Muero de ganas por sentir más mis huesos. Por sentirme más frágil, más ligera... 

Ay... Muero de ganas por tantas cosas.

Y no me importa lo que deba soportar.

Tan cambiante

¿Por qué? ¿Por qué todo tiene que ser tan cambiante? Ayer estaba tan feliz... Y hoy, bueno, pues hoy no lo estoy. Odio mucho que las cosas cambien tan radicalmente de un momento para otro. Ayer era feliz. Me sentía segura, orgullosa de mí misma con esos 45.4 kilos. Pero hoy siento que no es suficiente. Nadie nota nada. Nadie me dice "eh, te has adelgazado". No, nadie. Seguramente es porque ellos no fijan en esas cosas, y yo sí. 

Estoy física y mentalmente agotada. En el camino me sentía cansadísima. Sentía que en cualquier momento podía desmoronarme. Es tan difícil a veces. Es tan difícil ver a tantas personas a tu alrededor comiendo con cierta naturalidad y libertad. Porque sí, así es y lo ha sido siempre. Comer es algo completamente natural. Pero yo soy muy tonta y cabezota y no lo he querido entender.


En fin... Que estoy muy cansada. Me falta energía, lo sé.


Se me cierran los ojos ahora mismo.


Me miro al espejo y no veo nada. Ningún cambio significativo que me diga que sí, que todo este fuerzo ha merecido la pena. No veo resultados. ¿45 kilos? Pero si eso no es nada...


Seguiré. Lo estoy haciendo bien. Estoy lista para lo que sea. Quiero/necesito perder 2 kilos más.



¿Mi intake de hoy? Pues en el desayuno he comido poquito. Y sé que todo lo que como en el desayuno lo quemo caminando en el camino de casa-uni y uni-casa. Que es maso largo y debo moverme y caminar mucho. Y en el almuerzo... Aunque no ha sido mucho (la mayor parte del pollo se lo he dado a mi perra), me he recompuesto un poquito. Me siento un poco mejor. Más llena, más alentada.

La verdad es que tenía planeado llegar a casa a adelantar los deberes (tengo demasiados), pero es que no puedo, tío. Se me cierran los ojos y estoy demasiado agotada como para aguantar un segundo más despierta. Así que pues nada, dormiré la siesta, a ver si me pongo mejor.


Hoy debo ir a una conferencia de 6:00p.m a 8:00p.m. Madre mía... Qué desperdicio y qué aburrimiento de solo pensarlo. Lamentablemente es de asistencia obligatoria, así que no me queda otra que ir.


¿Lo bueno? ¡Caminaré! Quemaré las calorías del almuerzo, y en la noche tomaré té verde... Felicidad.


Iré a dormir un rato.


Besitos 

martes, 28 de abril de 2015

Con el estómago vacío

Creo, honestamente, que irse a la cama con el estómago vacío es de las mejores sensaciones que pueda haber. Me siento tan vacía y completa a la vez. No lo sé, es genial.

Esto hace mi noche genial. Sí.


Té verde

A pesar de que tuve que comerme TODO, repito, TODO lo que había en mi plato en el almuerzo, porque hoy nos hemos sentado todos a la mesa, puedo decir que ha sido un buen día.

Mi cena ha sido té verde. Amo/adoro el té verde. 

Al principio me sabía horrible, debo confesarlo. Pero con el tiempo, con los días he aprendido a quererlo. Tenía que acostumbrarme porque o era eso, o nada. Y ahora lo amo mucho porque siempre me pone de buen humor. Es algo raro, pero es así. Si estoy triste, tomo té verde, y en cuestión de minutos mi mundo se vuelve un poquito mejor.

Claro que la razón por la que he tomado hoy té verde no ha sido porque he estado triste, no. He tomado té verde porque  simplemente en eso se ha convertido mi cena de todas las noches en las últimas semanas. Y eso me agrada. 

He leído en muchas partes que (además de los otros mil beneficios que trae), el té verde te ayuda a bajar de peso, y el solo hecho de pensarlo me hace muy feliz. Así que por eso procuro tomarlo siempre que pueda.

En fin, que hoy ha sido un buen día. He comido menos de lo normal, he caminado, he tomado té verde... Lo he hecho bien, sí.

Me he dado cuenta de que la mayoría de las veces mi hermana deja una que otra cosa en el almuerzo, y nadie le dice nada. Parece normal. De hecho muchas veces me siento mal porque yo parezco una cerda dejando el plato limpiecito, casi que impecable, cuando termino de comer. Así que estoy considerando ir dejando de a poquitos una que otra cosa. No estaría mal, ¿verdad?

Anyways... Que estoy orgullosa de mí misma, señores. Y espero que nada lo estropee.

Pequeño relato

Bueno, estaba escuchando música (Love of Lesbian) y de la nada he pensado en la lluvia. No sé bien por qué. Quizás me he puesto un poquito triste y eso hizo que terminase pensando en lluvia. En fin, el punto es que esto me ha recordado a algo bonito que ha pasado hoy en clase de Estilística. 

Pues resulta que hemos hecho un ejercicio sobre acentuación, y lo hemos hecho sobre un pequeño relato escrito por Julio Cortázar titulado Aplastamiento de las gotas. Julio Cortázar fue un escritor argentino maravilloso. Yo es que no soy muy de escritores latinoamericanos, pero Cortázar me encanta. Inevitablemente me encanta. Y pues eso, que este pequeño relato me ha gustado mucho. La verdad es que mi relación con la lluvia es algo importante en mi vida, y pienso que ahora, cada vez que llueva, pensaré en Julio Cortázar y su precioso relato.

A todo esto, lo pondré aquí. Quiero que quede en mi blog, como algo realmente importante. Así que pues eso, que aquí lo dejo:

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Aplastamiento de las gotas



    Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 
 
    Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.


Julio Cortázar

Debo confesar

Debo confesar que, a pesar del cansancio, las horas retrasadas de sueño, y los mil deberes que tengo para esta semana, soy feliz.

He tenido muchas ganas de volver a escribir en este blog, porque en verdad quiero hacerlo. Me hace falta. Desahogarme me hace falta. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué una entrada. Lo tenía tan abandonadito, a mi blog. Pobrecillo. Vamos a ver, ¿2013? ¡Dios! ¡Tanto tiempo y no me he dado cuenta!


Bueno, ¿qué puedo decir? ¡Qué irónica es la vida! Si antes mi razón para escribir era esa absurda obsesión que tenía por un tipo (del que ya no sé nada, por cierto), ahora mi razón para escribir es otra. Lo curioso de aquí es que sigue tratándose de una obsesión, claramente. Pero esta vez no es por un tipo. No es por una persona. No es por alguien que altere mis días y me haga sentir especial. No. Es por esta tonta obsesión que tengo con perder peso. Y aquí es cuando aprovecho para anunciar la razón de mi regreso a este blog.


Es que estoy tan feliz que me he animado a escribir una entrada. Tenía que apuntarlo. Apuntar la fecha y todo, porque he perdido esos asquerosos 3 kilos de más que había ganado a punta de atracones y golosinas. Hoy vuelvo a pesar 45 kilos. 45.4, para ser más específicos... Mis amados 45 kilos.



¿Es suficiente? Claro que no. Sé que en algún momento me detendré, pero este no es el momento. No aún. Seguiré y me empeñaré en perder 2 kilos más. Y después de esos 2, pues otros 2. Y ya está. Seré un alguien muy feliz. Por fin.

Lo he estado haciendo muy bien últimamente. En la uni me muero de hambre, pero he sabido manejarlo muy bien. No es tan difícil una vez que te acostumbras, y yo ya me he acostumbrado. Me he acostumbrado a lidiar con mi estómago vacío, que todo el tiempo me pide a gritos que le de algo de comer. Que me gruñe y refunfuña porque han pasado horas desde que le di algo de comer. Ay, querido, lo siento, pero es que no puedo hacer nada. No puedo parar.


Y pues eso. Que peso 45.4 kilos. Los he sufrido tanto, que lloro de contenta. Pero debo seguir. Hoy he comido muy poco al desayuno. En el almuerzo me lo he comido todo. Y trato de no pensar mucho en ello, porque me siento con un poco de remordimiento y eso. Lo de siempre. Pero no está tan mal, eh. Porque ni en la noche ni en lo que queda del día comeré  algo. Sí, no comeré NadaNada de nada. Solo té verde, y adiós.