miércoles, 31 de enero de 2018


No puedo buscarlo, no después de todo lo que pasó. No puedo perder mi dignidad y aceptar que estoy a los pies de Andrés Coca-Cola. 

lunes, 29 de enero de 2018

La escalera


Diecisiete años, ese era mi todo. Y las ganas, por supuesto, de meterme de pies y manos al mundo, saberlo todo, conocerlo todo y hacer con los hombres una escalera para ver todo desde arriba. 
De todos modos, ya había comenzado a construirla: una escalera de mano como las que veía recostadas en las fachadas de Entrerríos, y que evitaba pasar por debajo por miedo a la mala suerte. Cada hombre en mi vida iba a ser un travesaño que pisaría para subir. Josué y Turri fueron los primeros y, como en todo ascenso, los primeros pasos parecen ser los más fáciles pero son de una simpleza engañosa; sin embargo, hay que ver cómo estamos en la mitad de la cuesta, que fue hasta donde logré llegar.
Retoma, Leticia, ¿en dónde ibas?, ¿en los brazos de quién? En alguna cama quedaste perdida creyendo que ahí encontrabas la libertad. Recuerda que habías trepado dos peldaños y estabas lista para poner pie en el tercero. Ah, y no te olvides de decir que peldaño que pisabas, peldaño que partías. Tenlo en cuenta para que todos sepan que cuando fuiste a bajar no encontraste en qué apoyarte.  
Santa Suerte, Jorge Franco 

domingo, 28 de enero de 2018

Crónicas de un dolor anunciado


Ya sé que no me volverás a hablar. Yo por mi parte intento pensar en las cosas malas, en todo eso que me dijiste o hiciste para no ceder y volver a quedar como tonta. Estoy siguiendo consejos. Recuerdo por ejemplo las veces que me corriste la cara cuando quise darte un beso, o cuando me giraba en tu cama para acariciarte con todo el cariño pero tú te movías, como desquitándote de mí con hastío. Recuerdo lo que pensabas de mi trabajo, decías que no podrías hacer algo así, que era demasiado fácil, que qué pereza. O cuando nunca estuviste dispuesto a ver una película que a mí me gustara. Recuerdo la vez que acostada en tu cama te pedí que me abrazaras y me preguntaste por qué, te dije que te extrañaba, sin poder mirarte a los ojos y me mostraste una imagen que decía: la peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo vas a tener. Recuerdo cuando me bañé en tu ducha y no volteaste a mirarme un segundo. Recuerdo cuando te pedí que contestaras el teléfono, por última vez, pero me dijiste que no fuera fastidiosa. Recuerdo cuando te pregunté cuándo iríamos a comer a algún restaurante juntos y me preguntaste para qué. Recuerdo cuando tu amigo te preguntó por mí y tú le dijiste: yo con esa vieja solo me hablo por WhatsApp.

Recuerdo todo esto pero a menudo también recuerdo la primera vez que fui a tu apartamento. Tenía todas las expectativas y no me decepcionaste una sola vez. Era completamente distinto. Te esperé al pie de tu edificio a eso de las ocho de la noche, nerviosa. Llegaste del trabajo en un Uber y cuando te acercaste para saludarme me dijiste estás muy linda. Yo sonreí. Hablamos mucho en tu cocina, te sentaste a mi lado, me recordaste lo mucho que te gustaban mis ojos y reímos. Después en tu cama me hiciste el amor. Te pedí que me desnudaras pero me susurraste despacito al oído mientras me besabas muy lento y me ibas quitando la ropa. Temblé de frío y placer. Te tuve dentro de mí por primera vez y fue perfecto, eras perfecto. Te imaginé así de perfecto siempre. Pero con el tiempo fuiste cambiando. Hubo días en los que ya no te reconocía más. Hubo noches en las que lloré en tu cama, a tu lado y jamás te diste cuenta, supongo. Hubo risas pero también hubo mucho llanto, porque me dolías. En algún punto ya no sabía lo que hacía o por qué estaba ahí. Yo te seguía la corriente, eras el agua del río que cada vez descendía con más fuerza hasta lanzarme al vacío. Hubo uno o dos te quiero que no volví a escuchar pero que aún recuerdo. En algún momento me quiso, pienso, e intento contentarme con ello. En algún momento me consideraste linda, en algún momento me pediste que pasara todo el día contigo, en algún momento me abrazaste mientras dormíamos, en algún momento me besaste la espalda y me susurraste oye, te estoy dando besitos.  En algún momento me pediste que me pusiera una de tus camisetas, en algún momento me diste algo que nunca más volví a tener. 

Te extraño. Lo aguanté todo, creo que más de lo que debí y aquí estoy, devastada, consciente de que se acabó. Sé que en algún punto querré volver sentir ese dolor que solo tú sabías darme. La autodestrucción es adictiva y tú te habías convertido en mi mayor adicción. Mi mayor placer, mi mayor invento cada vez que quise creer que me querías. My deadly sin, my favorite bad thing. De todos mis pasados tormentosos tú fuiste el mejor, es decir, el peor. El más caótico, el más tóxico y me dejaste sin nada. Te llevaste hasta los restos. A veces trato de ir un poco hacia atrás y vuelvo a encontrar todas las señales que me indicaban tu ausencia. Tu manera de estar y no estar. Mi manera de tenerte y no tenerte. “Si querés te podés ir, yo no voy a buscarte”. Y así fue, así de crudo, así de indiferente siempre, desde un principio, siempre arrojándome indicios de tu desafecto. Así fue solo que fuiste tú quien se marchó, no yo. Te di igual, te di demasiado igual. Me querías y después ya no, me besabas y después ya no, me escribías y después ya no, me llamabas y después ya no, me decías ven y después ya no. 

-
Me dices que eres lo que nunca quise tener, pero mentiras, si lo que siempre quise tener fue dolor y fue lo que más supiste darme. Por eso te quise.

¿Querer o tener? Te pregunto, y te digo que más bien tener, porque eso eres: lo que nunca pude tener. Te tuve hasta donde tú me lo permitiste, hasta donde dijiste ya no más, chao. Y me dejas ir así, de la nada.

-
I thought we’d be something different.
I thought we’d be something else.
I thought you’d take me to the movies.
I thought you’d always want to kiss me.
Thought you’d take me out for lunch.
Thought dinner wasn’t only at your place.
I thought you’d chase me,
thought you’d see me like others did,
thought I’d mean something to you,
thought you’d want me,
thought you’d love me.

-
Te pregunto que si eso es todo y me dices sí, es todo, ¡era obvio!, después de que me mandas un mensaje diciéndome que esto no va para ningún lado. Te equivocas, sí va, va para la mierda o el mismo infierno que creamos. O más bien, que yo creé, porque todo lo que sea contigo fue inventado por mí. Llego a casa destrozada, llorando a gritos y diciendo no, no, no, no una y otra vez hasta quedarme sin aliento, porque no es posible que esto me esté pasando de nuevo. No es posible que siga cayendo una vez tras otra, tras otra, tras otra. No es posible que me haya hecho tanto daño a propósito. No es posible que haya llegado hasta aquí. No era necesario.

-
Hoy Andrés Coca-Cola me ha hecho mucho daño y estoy llorando en mi cama. Lloro porque me lo advertí, lloro porque no es la primera vez, lloro porque me lo he buscado yo solita y lo sé. O lo sabía. Me siento abyecta, más pequeña de lo que antes me sentía y no puedo evitar sentirme muy tonta. Sé que todo este tiempo me he subestimado demasiado.

Está claro que para Andrés Coca-Cola solo soy alguien mientras esté en su apartamento. Está claro que me tiene ahí para él, to please him whenever he wants to cause he clearly knows I will always surrender, I will always want to say yes. Yes please, hurt fuck me more.

Hoy Andrés no me dijo nada de las cosas que suele decirme. De hecho, desde hace ya varios días no lo hace. Ya no me dice me fascinan tus muelitas, ni estás muy linda, ni me encantan tus ojos, son demasiado expresivos. Hoy tampoco me besó la espalda, ni me acarició después de terminar, ni me determinó como lo estuve deseando todo el día desde que llegué. Hoy no me dijo nada mientras me hacía el amor, ni me puso a escuchar ninguna de sus canciones. Pero sí supo llamarme fastidiosa y se molestó por mil cosas que hice. Hoy entendí un poco más. Hoy no vi cosas por ver otras con más claridad. No me vi en un parquecito con él, por ejemplo. Ni al pie de una estatua besándonos empapados de lluvia. No me vi de la mano con Andrés Coca-Cola dirigiéndonos a algún restaurante o a tomar un café. No lo vi viéndome bailar, ni cantar, ni leer. Entendí que esas cosas no iban a pasar con él, simplemente porque no. Porque uno no mezcla un Andrés con otro. Uno no mezcla las personas que tuvo en el pasado con las que tiene ahora. I can’t have my cake and eat it too. No puedo tener a un hombre que me haga feliz en la cama y al mismo tiempo me regale libros, o me mire como yo quiero que me mire, o vea conmigo mis películas favoritas o me deje poner las canciones que quiera sin que me pida que las quite porque va a empezar Fast and Furious.

Mi vida no está hecha para un balance de esos. No está hecha para el equilibrio. Desequilibrada, mi vida es una mezcla de dolor y placer, de risa y llanto. No hacía falta que le pidiera a Andrés Coca-Cola que me golpeara si con sus palabras y acciones iba a tener suficiente. Con razón me decía siempre que no. Él sabía.

Hoy lloré en su cama mientras él dormía de espaldas. Es cierto que me estoy haciendo daño deliberadamente. Que he escogido esto para mí. Que estoy en toda la libertad de dejar de verlo o escribirle, pero también es cierto que estoy envenenada y no puedo salir de donde me he metido. Andrés Coca-Cola es demasiado difícil de dejar, en parte porque le tengo miedo, en parte porque lo deseo.

And no, of course I won’t just leave your apartment, get home and sleep my life away to forget all this nonsense, because I’ll remember it all as soon as I wake up in the morning, still choking on the words unspoken, still shaking from the cold, still wanting to cry a little longer. Of course I won’t plan on doing that because it won’t be enough. I won’t forget how you treated me today, how unlovely and unwanted I felt. Lo recordaré todo al día siguiente, y al otro, y al otro, just to use it to make a decision. But oh boy, I still want to use you to hurt myself, but lately I’ve felt like it’s been too much, like I’m about to break into pieces you won’t pick up.

-
Te pregunto si todo está bien cuando sé que no. Solo quiero me lo digas tú para terminar de creérmelo. A veces sigo tu juego, porque al final nunca sé si juego el mío o si más bien juego el tuyo. Actúo como si estuviese acostumbrada, me río por dentro cada vez que me siento humillada. Me esfuerzo por ser indiferente, finjo, como si cada cosa que hicieras no me afectara, pero luego llego a casa a escribirlo y a llorarlo.

Sé que siempre he estado sola desde que salgo contigo, pero no puedo zafarme. Eres invasivo, te cuelas en todas partes de mí. También te deseo demasiado. Demasiado no es una buena palabra. No te puedo querer, no me lo permites, y aun si te quisiera sé que no podría decírtelo. Me da miedo que un día te aburras de mí, que no soportes verme y te vayas. Me da miedo que un día llegue y ya no abras la puerta. 

I'm craving a long-term pain… dame más, dame más, dame más. 

-
Estoy mejor, tranquila porque te lo he hecho saber todo y de repente siento que has cambiado. No quiere decir que volvamos a estar juntos, pero por lo menos esto ha terminado bien. 

He podido canalizar el dolor escribiéndote todo esto que no vas a leer jamás, pero escribiéndote. A menudo me siento en la ducha y dejo que el agua caiga sobre mí y me limpie y me restaure. Me lavo tus recuerdos, me limpio las heridas a medio sanar. 

Te digo que te voy a extrañar y me dices que no te irás a ningún lado, que siempre vas a estar ahí. Yo sonrío pero no me lo quiero creer, ya me han dicho esto antes y me han fallado. También lo he dicho yo y también he fallado. Me dices que eres lo peor para mí y yo te respondo que no, que lo peor para mí fui yo. Fui yo quien quiso jugar. No te puedo culpar mucho. I could say you were the greatest bastard, but I wanted it and I had it. 

El tiempo cura muchas cosas. Mírame, vas a dejar de importarme como dejaron de importarme otros. Vas a dejar de dolerme tanto. Me voy a perdonar porque soy más que todos mis errores. 

-
Hay días en los que te extraño más que otros. Hoy es uno de esos días, hoy te lloro en mi cama, soy incapaz de moverme. A veces pienso en todo lo que pudo haber pasado si hubiera aguantado un poco más, si no me hubiera quejado, si no te hubiera preguntado por qué me negabas, si no te hubiera hablado del daño. Te deseo demasiado. Me siento enferma, mentalmente, porque no es posible que a pesar de todo lo que pasó contigo te siga deseando. No me dejaste otra opción, era mi única forma de tenerte. A menudo cierro los ojos y repaso todo lo que pasó contigo. Me duele que no hable de las veces que salimos a comer juntos, o al cine, o a caminar, o a bailar, a tomar algo, o con tus amigos, porque nunca pasó. Nunca lo quisiste. Hablo de todas las veces que llegué a tu edificio, todas las veces que dije 509 torre A para luego terminar en tu cama. Todas las veces que me susurraste al oído qué sientes mientras lo hacíamos y yo te respondí: el infierno, el infierno…

Nos quemamos. ¿O me quemé yo sola? No sé, tal vez sí, tal vez me quemé. Me quemé en ese infierno y no puedo dejar de pensar. El recuerdo de tus manos me duele. Me encantaban, lo sabes, te lo dije pero seguro no lo recuerdas. Me corté el pelo, lo llevaba muy largo, pero seguro no lo notarías ni sabrías decir si te gusta o no. No sé, nada importa. Hoy pasé frente a tu edificio. Qué nostalgia, qué ganas de que me digas: ¿Hoy pasas? Qué ganas de que me extrañes y me digas: yo también quiero verte. 

-
Me pregunto si sientes lo mismo que yo cuando abres la puerta y me ves ahí parada de nuevo, not in my underwear though, not yet. Nos quedamos un tiempo mirándonos, sin decir nada, y yo no reacciono hasta que por fin me dices: Hola. Me abres los brazos y yo me entrego a ti como si hubieran pasado meses, como si hubiese sido una eternidad sin verte. Te siento distinto, te extrañé y me plantas un beso tierno en la cabeza. Eze y su novia están en tu apartamento comiendo pizza con cerveza y me sorprende que te tenga sin cuidado que Eze sepa que yo estoy ahí y que más tarde nos vamos a quedar tú y yo solos. Te observo todo, de nuevo. Tu pelo se ve mejor ahora que ha crecido un poco, te has afeitado la barba, tienes unos jeans que hacen juego con tu saco gris de GAP y te ves malditamente bien. Hablamos en la cocina con Eze y su novia, nos reímos y de cuando en cuando tú me miras o yo te miro, brindamos en varias ocasiones y en mi cabeza memorizo cada detalle de esta escena.

Estás de pie y descalzo. Qué raro, detestas los pies. Eze y la novia hablan y yo me río. De vez en cuando me muerdo los labios porque sé que te encanta que lo haga pero pretendo hacerlo sin darme cuenta. A veces te observo, extrañaba tu sonrisa perfecta. Actúas con naturalidad, como si nada hubiera pasado y en varias ocasiones estiras el pie por debajo de la mesita para tocar mi pierna y llamar mi atención. 

Extrañé tu carita. Me siento en casa, como volviendo a un hogar que nunca fue mío, pero que se siente familiar. El olor de tu apartamento es demasiado particular y me gusta. Miro todo alrededor, nada ha cambiado mucho. Eze y su novia se han ido en un Uber y tú y yo nos dirigimos a la cama sin necesidad de hablar. Ahí estoy, desnudándome de nuevo, metiéndome bajo tus cobijas y no puedo creer lo que está pasando. Me abrazas enseguida, siento otra vez el calor de tu cuerpo y te abrazo, te abrazo, te abrazo… 

Gimo mucho, anhelando que la vida fuera solo ese instante en el que te tengo y tú me tienes. Me aprietas, me sujetas con fuerza como si no quisieras que me soltara de ti, pero sabes que no lo haré. De vez en cuando buscas mi boca para besarme con cariño mientras entras y sales de mí. Estoy, nuevamente, en el infierno. Me dices que por eso no querías que viniera, que sabías que íbamos a terminar así, pero te digo que no me importa si siempre termina así, porque lo quiero, lo quiero y esta vez no estoy jugando ningún juego. De todas formas fuiste tú quien me escribió, fuiste tú quien me buscó, fuiste tú quien dijo: ¿Vienes? Me preguntas al oído qué vamos a hacer y yo en mi mente respondo: quedarnos en este infierno.

Me abrazas, te estás quedando dormido y yo solo puedo pensar en todo lo que está sucediendo. Las cosas de la vida pasan inesperadamente y jamás imaginé que esta noche terminaría en tu apartamento. Te escucho dormir, siento tu respiración en mi piel y yo también intento descansar pero por alguna razón nunca puedo conciliar el sueño en tu cama. Pienso, recuerdo, suspiro… y en mi mente también te pregunto lo mismo: ¿Qué vamos a hacer, Andrés? 

-
Te preocupa el daño. Me has repetido varias veces que no quieres hacerme más daño, pero este no es el daño. El daño no es acostarme contigo. El daño era antes, cuando me sentía insuficiente para ti. Cuando sentía que me gustabas más de lo que yo podría gustarte. Cuando actuaba con miedo. El daño eran tus “quieta, fastidiosa” y tus “mejor hablamos ahorita” por teléfono cuando algo te molestaba. Tus daños eran tus “cómo así, Maria Catalina, ¿es que no me estás prestando atención?”, tus "¿qué te acabo de decir? tus “quita esa canción”, tus desplantes, tus quejas, tus “yo ya estoy muy viejo para estas maricadas”. Tu manera única de no quererme.

-
Son las diez de la noche, hace frío y estoy llorando. No en mi cama, esta vez estoy en la calle, con tu ex que me abraza y me dice que lo siente. De repente la vida me ha dado un vuelco porque he descubierto la verdad. Mientras salías conmigo, a ella la buscabas y le escribías que la amabas y que querías casarte con ella. Mientras te acostabas conmigo, ibas detrás de ella, pretendiendo volver a tenerla. El mundo es un pañuelo, querido, y dos personas se pueden encontrar de maneras inimaginables. Supongo que por eso te alejaste, porque te enteraste de que yo era la profesora de tu ex y tu ex era mi estudiante. Nos enteramos en clase, en mi clase, en una conversación que surgió de la nada, de una pregunta casual que también iba para el resto del grupo. Ella empezó a hablar de ti y tantas coincidencias nos llevaron a tu nombre. No supimos qué hacer, ni cómo reaccionar. El mundo se nos acababa de caer encima. 

You’re such a bastard, what a prick. No sabías qué hacer con tu vida y por eso andabas como una pelota rebotando de un lado a otro. Me enviabas fotos y a ella también, me escribías y a ella también, me llamabas y a ella también, le decías que la amabas y a mí no, a mí ni un te quiero. Le decías que la extrañabas y a mí no. 

Claro que no me ibas a decir todo eso, porque con ella habías estado seis años y conmigo nada. De haberlo sabido no hubiese estado dispuesta a ceder tanto de mí, a entregar tanto, no valía la pena. Me da náuseas.

-
Acabo de descubrir la verdad y no sé qué hacer, tengo otra clase de 7:30 p.m. a 9:00 p.m. y le doy a tu ex mi número para hablar de todo. No sé cómo estoy dando la otra clase, pero mientras explico, me pasan mil cosas por la cabeza; mientras me río, me estoy derrumbando; mientras hablo, mi mundo está cayendo a mis pies. 

La llamas primero a ella, a decirle que no, que conmigo nada, solo besos, que la amas, que te quieres casar con ella, que entre tú y yo hay mucha diferencia de edad, que no, que no estábamos saliendo, que fui yo quien te escribió ayer para que nos viéramos en tu apartamento, que no, que no habíamos tirado, que la amas, que se case contigo.

Me llamas a mí, a decirme lo peor: que no tiene nada de malo, que tú y yo no teníamos nada serio, que no te hable así, que no quieres nada, que lo nuestro no había funcionado, que nunca me trataste mal, que cómo me enteré, que cómo supimos las dos, que no debías contarme nada porque era tu vida privada, que conmigo no quieres nada, que chao.

Y de verdad, chao.
Y en serio, no más.
Y esta vez sí adiós.
Bastard.

-
Tu ex y yo entramos a un pub, a tres cuadras de tu casa. Quedamos esa misma noche para hablar de todo. De tu relación con ella y de la mía contigo. Uno de tus miles de amigos paisitas está ahí, me dice tu ex, y no podemos sentirnos más incómodas. Me contó todo. Me habló de lo lindo que fuiste con ella, de tus detalles bonitos, tus "no hagas planes este fin de semana", tus sorpresas, tus viajes, tus flores y tus lloriqueos, de tus idas y regresos, de tus largas esperas, y yo no me lo puedo creer. No puede ser que exista este lado de ti. Te juré crudo siempre, amargo, un perfecto bastardo. Pero mientras yo moría por ti tú morías por ella, porque así es la cadena de la vida.

Lo peor fue comparar: a ella le decías muelas y a mí también, a ella le encantaba tu acento y a mí también, le encantaba que fueras tan alto y a mí también, le encantaban tus besos y a mí también. Ambas habíamos dormido en la misma cama, habíamos compartido la misma ducha, el mismo puto apartamento de mierda. Tu cuerpo, tu sexo, tu buen polvo.

No puedo comparar lo que viví contigo con lo que viviste con ella durante seis años. Me duele, pensé que ya había pasado, las pocas veces que te escuché hablar de ella lo hiciste con indiferencia y en el fondo juré que no estabas con nadie más. Me duele lo que ella es para ti y lo que yo soy para ti. Me duele la ilusión, lo que creí que pasaría después de la última noche en tu casa y lo que en realidad terminó pasando.

-
He llorado mucho, tengo la cara destrozada. Tengo una montaña de daños y escombros dentro de mí y estoy rota, más de lo que estaba. Me meto a la cama al llegar a casa, quiero dormir y olvidarlo todo por un momento, pero luego cuando despierto rompo en un llanto escandaloso que llega hasta la cocina y mi madre viene corriendo preocupada... no sirvió de nada dormir, no se me ha pasado.

-

No tenías que hacerlo, te juro que lo iba a entender y me hubiera dolido menos. Hubiera sido más fácil, me hubiera ido hace mucho. No hubiera insistido ni esperado tanto. Me hubiera despedido, sin molestarte más y me hubiera alejado con el cariño que te guardaba. Nunca lo admitiste, pero solo estabas conmigo para usarme mientras la buscabas y esperabas a que volviera. No lo entiendo... no lo quiero entender. Me duele en el alma verme así, en esta posición en donde la que menos importa soy yo. A la que no quieres ver es a mí, a la que no llamarías es a mí, de quien no esperas un mensaje es de mí. Te duele porque la perdiste a ella, no a mí. A mí me duele porque te perdí a ti y, una vez más, vuelvo a perderme a mí.

-
No se trata de pasar la página, se trata de arrancarla y si acaso quemarla. Pasar la página solo implica que después te vas a devolver, a buscar alguna frase, un fragmento, algún recuerdo que vuelva y te hunda. No quiero más esto para mí. No lo necesito en mi vida. No te quiero ni te necesito. Hoy, por fin, te estoy arrancando de este libro.

domingo, 21 de enero de 2018


“There’s so much more to life than finding someone who will want you, or being sad over someone who doesn’t. There’s a lot of wonderful time to be spent discovering yourself without hoping someone will fall in love with you along the way, and it doesn’t need to be painful or empty. You need to fill yourself up with love. Not anyone else. Become a whole being on your own. Go on adventures, fall asleep in the woods with friends, wander around the city at night, sit in a coffee shop on your own, write on bathroom stalls, leave notes in library books, dress up for yourself, give to others, smile a lot. Do all things with love, but don’t romanticize life like you can’t survive without it. Live for yourself and be happy on your own. It isn’t any less beautiful, I promise.”

― Emery Allen

A veces

A veces surge una luz entre el recuerdo, una satisfacción que me dice: yo viví esto, y luego la luz se nubla para avisarme que no es posible vivirlo una vez más.
Jorge Franco, Santa Suerte

sábado, 20 de enero de 2018

Maria Catalina, quiérase


Igual contigo no era libre, contigo no me sentía. Contigo nunca pude pararme de la sillita de tu cocina para bailar sin cuidado. Nunca pude reproducir mis canciones preferidas y hacer fonomímica porque ni siquiera volteabas a mirarme, ¿te acuerdas? Contigo solo me perdía más, me hundía más. He llorado hasta la náusea (terminé vomitando en el baño) y esta tarde me metí a la cama a dormir mi propio crimen. Lo planeé todo yo y qué bien me ha salido. Salió bien de lo mal que salió. Cualquiera me habría felicitado por la precisión de mi espectáculo, por ese show en el que yo misma me quise ver actuando siguiendo el libreto al pie de la letra. Cualquiera se habría sorprendido con lo bien que supe actuar el personaje de la historia de mi crimen. Couldn’t have starred it any better. Me imagino los aplausos, las puestas en pie de la audiencia y los hats off to you, Catalina, another brilliant performance! Porque sé que lo planeé y ejecuté al pie de mi imaginación.

Es cierto que de nada vale hacer lo que hago mientras tú no me ves, porque a ti no te importa. Tú no eres el que llora, no eres el que termina comprando la barra más grande de chocolate Lök de la tienda, no eres el que cierra las cortinas del cuarto, no eres el que termina enfermo de amor vomitando en el baño, no eres el que se queda sin ganas de nada, paralizado, el que se pone a releer las conversaciones de chat para buscar esos instantes de los que se desprendía un destello de luz, una muestra mínima de afecto que indicara una promesa. No. Más bien te imagino llegando a casa, sin mí esperándote o esperándome, sintiendo el peso que te quitaste de encima porque me acabas de mandar a la mierda. Te imagino descansando mientras yo no dejo de lloriquear, mientras grito NO mil veces hasta que me duela la cabeza, mientras me arrepiento de no haber podido ir más lejos.

He acumulado tanto. Contigo estaba llegando al tope y lo sabía y así fue. Me doliste más que el resto y me duraste muchísimo menos. Llegaba siempre a tu puerta con el miedo de que esa fuera la última vez. Siempre quise repetir, siempre deseé que hubiera mil ocasiones más. Siempre me va a doler. ¿Por qué estaba contigo? Cause I’m mentally ill. Porque quizá el cariño que te tenía era más por ese maldito vínculo sexual que por cualquier otra cosa. La atracción era tan fuerte que nunca quise admitirlo. Me lo negué mil veces, porque me avergonzaba. No quería aceptar el deseo. Te inventé mil excusas. Te saqué cosas de donde no las había: va a funcionar, le gusto, me llama mucho al teléfono, me pide que le escriba cuando llegue a casa, me dijo te quiero. Pero mentiras que todo era para ocultar la verdad: no era feliz contigo. No recuerdo haberlo sido alguna vez, pero el deseo me tenía ganada. Confieso que la última vez casi lloro después de venirme, porque entendí que estaba completamente atrapada.

Contigo nunca supe cómo actuar. Siempre me sentí ridícula, haciéndote caso deliberadamente, aguantando tus regaños, tus Maria Catalina no hagas esto, Maria Catalina no hagas lo otro, Maria Catalina qué pereza en serio, Maria Catalina no más, Maria Catalina qué niñada, Maria Catalina qué video, Maria Catalina yo ya estoy muy viejo para estas maricadas, Maria Catalina, Maria Catalina, Maria Catalina… todo lo que esperé nunca llegó. Cada vez era más oscuro. Tú te reías más y yo lloraba más. Tú te alejabas más y yo me acercaba más.

¡Pero claro que me ibas a descartar primero!, porque yo no iba a poder hacerlo. Claro que esperé hasta este último momento. Claro que te iba a pedir si podía llamarte cuando llegaras a casa para que me dijeras no mujer, quiero llegar a descansar y estar tranquilo. Claro que me iba a dejar humillar hasta el último segundo, claro que siempre iba a estar dispuesta a perder la dignidad. Claro que iba a seguir escribiendo sobre ti, y claro que me metí contigo solo para sentir algo. Estaba dispuesta a intentarlo todo con tal de sentir algo, así fuera dolor. I just wanted to feel something. Sex with you was amazing, but not good enough to fill my void, porque los agujeros de la vida no se llenan con sexo, ni con alcohol, ni con fiestas, ni con comida. Y en mi caso no se iba a llenar jamás mientras siguiera contando las veces que terminara en tu cama. No lo ibas a llenar tú jamás; al contrario, me ibas a dejar peor: más hundida, más agujereada, más dolida, más ofendida y no fue hasta hoy que lo entendí. No fue hasta hoy que supe levantarme y quitarme el polvo de encima. 

Te voy a sacudir de mi ropa, te voy a despegar de mi piel, voy a soltarte, voy a sacar los trastes corriendo, nadando, escribiendo o duchándome mil veces hasta que se me quite tu nombre o el recuerdo amargo de tu indolencia. Hasta que no más, hasta que por fin.

sábado, 13 de enero de 2018

No es posible que le tema tanto. Mentiras, sí, sí es posible. Te metiste con un tipo mayor para temerle y hacer caso a todo lo que diga como una niña pequeña. Tú que creías que te vestías divino, pues no, te equivocas, olvídate de las converse blancas, no sobrestimes los tacones (no le provocan nada) y por favor trata de no mostrar mucho con lo que te pongas (detesta las mostronas).

El día que me aparecí en su apartamento con una faldita negra, medias veladas negras y tacones negros, no lo impresioné en lo absoluto. Lo recuerdo tanto. Fue tanta su indiferencia que me encantó. Me excitó. Ahora camino en tacones y faldita y me siento horrible, asqueada de los hombres que se me quedan mirando con la boca abierta. ¿Cómo puede el rechazo excitarme tanto? O mejor dicho, su rechazo. Esto es algo que aún no comprendo. Andrés Coca-Cola tiene una habilidad especial para despertar mi libido a través de su indolencia. Me tiene en su mano como una hormiguita y sé que podría ser aplastada en cualquier momento. Tanta crueldad me aflige y seduce a la vez.

Andrés me tiene a sus pies y lo sabe, pero no sé si él sabe que yo lo sé. No sé si me creerá tan tonta. Al menos soy del tipo de tonta que sabe que lo es. No puedo hacer mucho, este juego me encanta. Este juego en el que sé que seré yo la que terminará perdiendo. Me encanta y me va a encantar siempre y cuando lo tenga ahí, así como él me tiene. Siempre y cuando lo tenga ahí abriéndome la puerta de su apartamento cada que vaya a buscarlo, seré feliz. No me importa el daño, ni lo que sea que pueda pasar. Necesito que esta Coca-Cola me dure mucho tiempo.

domingo, 7 de enero de 2018

Overdose

El viernes tuve una sobredosis de Andrés Coca-Cola. Andrés llegó de un viaje largo para irse a otro aún más largo y sé lo que lo voy a extrañar otra vez. Lo peor de días como el viernes es que se pierden y después uno es un acopio de recuerdos y nostalgias.

Cada vez me encariño más y tengo miedo, pero es esta sensación de adrenalina la que hace que quiera seguir cayendo en picado, porque hace mucho me lancé con los ojos vendados. Lo quiero mucho, es el highlight de mi vida en estos momentos y a veces quisiera no darle tanta importancia, pero no puedo.

martes, 2 de enero de 2018

Coca-Cola


Con Andrés Coca-Cola me pasa algo extraño. De él guardo una imagen que se ha ido distorsionando con los días. Puede que el Andrés que ahora me guste sea el Andrés de esa imagen que aún conservo en mi cabeza: la del primer día. La del saludo imprevisto con su mirada firme, su acentico caldense y su voz gruesa. La de ese perfecto extraño demasiado serio y maduro que entre más me trataba con indiferencia más me excitaba. No voy a decir que aún no lo hace, porque afortunadamente me sigue tratando así y por ende me sigue excitando, pero esa imagen ha perdido color y ha adoptado otras formas. Ya no lo veo tal cual, hay cosas que han cambiado. Al fin y al cabo si el dinero es una ilusión, el amor también lo es. Quizás, si estoy con él, es porque quiero pensar que estoy con el Andrés que yo misma inventé.

Andrés Coca-Cola es demasiado simplón: no lee, no escribe, no baila, no ve películas, no tiene nada artístico. Muchas veces me ha preguntado qué haces y yo le respondo escribo y en mi mente digo sobre ti otra vez, idiota, pero él jamás se preocupa por lo que escribo. No me dice muéstrame, yo quiero ver, ni me pregunta por qué lo hago, ni dónde, ni sobre qué. Andrés es desabrido y sin embargo me tiene ahí detrás llamándolo, escribiéndole, rogándole, buscándolo al apartamento, haciendo lo que él me diga, dejando de hacer lo que no y así... Ya les dije que estaba siendo una tonta. Lo importante es que lo sé.


Tal vez he dado razones por las que Andrés Coca-Cola debería no gustarme, es decir, ¿cómo podría fijarme en un tipo que de artístico no tiene nada? No va conmigo, pero la verdad es que lo he pensado muy bien y no hay ni un solo tipo que hasta el momento haya dado la talla. Todos han tenido pero también les ha faltado. Entonces, ¿para qué exijo? ¿Por qué necesariamente tiene que ser uno que escriba y lea? Es cierto que toda la vida hablé mal de los ingenieros, pero yo ya no quiero un amor a letras, porque esos son los amores que no dan más, se quedan ahí, en letras y no más. Ya lo viví con alguien y no pienso volver a hacerlo. Hasta la ilusión de acostarme con ese alguien se quedó congelada en narrativa y palabras, porque cuando la materializábamos en una cama era un fracaso total. Un revés muy grande que me bajó de las nubes para aterrizar en la realidad que me envolvía, lejos de todas esas letras que significaron mucho y nada. Entonces no. No, thanks. I had enough.


Hace poco me estaba cayendo un tipo que no solo lee y escribe, sino que además dibuja muy bien (alcanzó a dibujarme un Husky siberiano en la nieve y un elefante africano), pero no pude con su físico y lo descarté enseguida. Me di cuenta de que detestaba sus manos blanditas, la irregularidad acentuada de su cuerpo, su caminado tambaleante y corcovado, su boca babosa (escupía al hablar) y hasta su nariz demasiado imperfecta. Me gustaban su mente y su edad mayor, pero nunca me sentí atraída por su físico a pesar de que había perdido peso. Preferí tenerlo en la pantalla, hablando de mundos y personas; de nosotros y la vida. Me aproveché de que yo le gustaba para mandarle nudes que tomaba para él por el solo capricho de sentirme deseada por un hombre que jamás me iba a tener porque no me despertaba nada, pero un día me cansé de hablar tanto, de tener que responderle largo y tendido, de tener que filosofar siempre con cada conversación que teníamos, y le dije que no más. De todas formas, Andrés Coca-Cola había llegado a mi vida y supuse que con eso tendría suficiente cuando en realidad seguía sin tener nada. Solo se tiene suficiente cuando se está solo.


A Andrés Coca-Cola sigo sin entenderlo. Tal vez es por esa imagen que se distorsiona y yo intento enfocarla con el lente pequeño de mis ojos, porque este Andrés es ahora otro Andrés para mí. No logro entenderlo pero lo que sí sé es que él es como la Coca-Cola: too sweet. Pero no hablo del sweet relativo a tierno y cariñoso, hablo de ese nivel desorbitado de azúcar que hace daño, que indigesta y enferma, porque así es él: dulce y dañino. Dulce y oscuro. Dulce y nocivo. Una palabra suya son diez cucharadas de azúcar, un beso veinte, cada gemido mil. Voy a morir de sobredosis y me encanta.


No entiendo cómo duraron tanto sus relaciones de cinco y seis años; Andrés es demasiado complicado. Nunca lo sabré porque él no habla del pasado, o mejor dicho, de sus pasados, pero eso es algo que me gusta. Supongo que prefiero no entender. Lo único que se me ocurre es que puede que a sus otros pasados Andrés también les haya resultado adictivo, como la Coca-Cola, porque si algo deben saber es que Andrés absorbe. ¿Cómo? No tengo la más remota idea, pero absorbe. Uno solito se va empecinando sin darse cuenta y en menos de nada ya está dentro de una pesadilla. Sin darme cuenta ya estaba haciendo lo que él dijera. Una vez intenté borrarlo de mi vida y no pude, le seguía respondiendo cada mensaje, cada llamada que me entrara, y al día siguiente estaba de nuevo haciendo sombra en su puerta.


Creo que le tengo miedo. No quiero que me deje porque si lo hace me quedaré sin dolor. No me va a doler cuando se vaya, por eso lo necesito ahí, como mecanismo para sentir un dolor constante que me cautive y embobe; recuerden que soy masoquista. Un día Andrés Coca-Cola me va a salir mal, peor que todos mis pasados, y yo me voy a reír, porque te lo dije, Catalina, te lo repetí muchas veces: ¿Qué hacías detrás de un tipo de treinta y dos que lo único que hizo fue empequeñecerte? Te fascinaba, te encantaba cómo te hacía sentir y por eso no podías dejarlo. He broke your bones while you laughed. Ese día no vayas a salir corriendo buscando en quién apoyarte. Recuerda que fuiste tú la que empezó el juego.