sábado, 13 de enero de 2018

No es posible que le tema tanto. Mentiras, sí, sí es posible. Te metiste con un tipo mayor para temerle y hacer caso a todo lo que diga como una niña pequeña. Tú que creías que te vestías divino, pues no, te equivocas, olvídate de las converse blancas, no sobrestimes los tacones (no le provocan nada) y por favor trata de no mostrar mucho con lo que te pongas (detesta las mostronas).

El día que me aparecí en su apartamento con una faldita negra, medias veladas negras y tacones negros, no lo impresioné en lo absoluto. Lo recuerdo tanto. Fue tanta su indiferencia que me encantó. Me excitó. Ahora camino en tacones y faldita y me siento horrible, asqueada de los hombres que se me quedan mirando con la boca abierta. ¿Cómo puede el rechazo excitarme tanto? O mejor dicho, su rechazo. Esto es algo que aún no comprendo. Andrés Coca-Cola tiene una habilidad especial para despertar mi libido a través de su indolencia. Me tiene en su mano como una hormiguita y sé que podría ser aplastada en cualquier momento. Tanta crueldad me aflige y seduce a la vez.

Andrés me tiene a sus pies y lo sabe, pero no sé si él sabe que yo lo sé. No sé si me creerá tan tonta. Al menos soy del tipo de tonta que sabe que lo es. No puedo hacer mucho, este juego me encanta. Este juego en el que sé que seré yo la que terminará perdiendo. Me encanta y me va a encantar siempre y cuando lo tenga ahí, así como él me tiene. Siempre y cuando lo tenga ahí abriéndome la puerta de su apartamento cada que vaya a buscarlo, seré feliz. No me importa el daño, ni lo que sea que pueda pasar. Necesito que esta Coca-Cola me dure mucho tiempo.

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