martes, 18 de abril de 2017

Me sentía atrapada en una escena de película. Yo, mi propia heroína, observada por docenas de espectadores irreales, que supongo solo eran producto de mi enigmática imaginación, fui testigo de uno de los pequeños momentos más intensos y excitantes de mi vida. Conquistábamos la calle al tiempo que la atravesábamos y las luces amarillas de los carros, inmóviles y prestos a darnos todo el protagonismo y la puesta en escena necesarios, alumbraban nuestros cuerpos ya elevados por el efecto del cannabis. Con la mente distorsionada y un sentimiento de éxtasis y confiabilidad profundos, con la admiración del momento y la imagen perfecta de tu cuerpo caminando lentamente a tres pasos de mí, descubro entonces que ahí estaba la mezcla exacta que traería consigo el producto de un nuevo proceso mental en mi vida. Tres cosas, nada más: el lugar, la ocasión y tú.

Cada movimiento empezaba a quedarse atrás y las imágenes se implantaban en alguna parte de mi cabeza sin poder distinguir entre lo real y lo imaginario. La felicidad inexplicable de tenerte ahí, conmigo, empezaba a abrirse campo mientras nos dejábamos llevar por la fogosidad del momento dirigiéndonos a uno de mis más recientes sitios favoritos en el mundo: tu cuarto. No creo que hubiese deseado otra cosa que la sensación que corría por mi cuerpo en ese preciso instante, me sentía embriagada de completa felicidad; de ti, de tu presencia, de tu nombre, de tu ser.

La noche investía el lugar de una oscuridad casi absoluta que me provocaba emoción y deseo. Entramos en silencio y subimos las escaleras. Y es aquí donde empezaré a soltar palabras de todo lo que pasa por mi mente ahora que intento recordar el momento: me siento alegre, veo tu cama, es de noche, la luz blanca de tu lámpara me agrada, es extraño, no me gusta la luz blanca. Veo tus libros, un mundo dentro de otro mundo y así sucesivamente, ¿dónde estás? Estabas en el baño, estoy parada en tu cama seleccionando palabras impresas en los lomos de tus libros y los dejo caer. Hay libros regados por toda tu cama, suena Oblivion de Grimes en el fondo, llegas, te quiero besar, siento tu tacto, vuelvo a sentirme feliz, me gusta tu boca, no tengo el pantalón puesto, me dices que no quieres nada, que solo quieres hablar, sonrío, me lanzo hacia ti, te quiero sentir, hablamos, me haces preguntas, me gusta observarte, me gustan tus ojos oscuros, todo sigue sintiéndose muy lento, estoy absorta, embelesada, me gustas mucho. ¿Qué es real y qué no lo es? Amo tu inglés perfecto y fluido, tu voz es exquisita, profunda, me ensordece. Estamos drogados, tengo sueño, tu Mac, tus cobijas, tus libros y la luz blanca. Quiero acostarme bajo tus cobijas, lo estoy, see you on a dark night, ¿por qué no quieres nada? Necesito creerte. Te beso fuerte, mi mano en tu sexo, no quieres nada. Háblame entonces, dices que quieres conocerme. Me estoy quedando dormida, te quiero abrazar, tu piel cálida… Coming up behind you, always coming and you'd never have a clue. Eres fascinante. Estoy durmiendo a tu lado, escuchas New Order por primera vez, te encantan, sonrío de nuevo. Temptation, duermes, respiras fuerte, Oblivion. ¿Me olvidarás algún día? ¿Olvidarás este momento? ¿Olvidarás primero para luego recordar, recordar(me)? Me. Kiss me, touch me, taste me, watch me, destroy me… 


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