No sé si alegrarme o ponerme a llorar.
Supongo que alegrarme, porque a pesar del atracón no he subido. ¡Debería antes estar agradecida! ¿Qué esperabas, Catalina? ¿Que llegarías a los 43 kilos después de semejante atracón? Pues no, te equivocas. Hoy pesas 44.4 y que te cueste aceptarlo, porque lo mereces.
En unos minutos voy a almorzar. Me prometo a mí misma dos cosas:
1. Dejar algo; es decir, no dejar el plato vacío cual cerda
2. No comer nada más durante el día
Es una promesa y la cumpliré.
He llegado a casa agotada, rendida. Mi pantalón azul marino de Stradivarius me queda flojísimo. Puedo notarlo y sentirlo. Se me escurre mucho y, por más anti-estético que sea, en el fondo sonrío contenta.
En la uni estamos cerrando ya 3er corte. Así que es una semana de exámenes, presentaciones y notas. Hoy me han dado la primera nota: 94.
Nada mal, ¿eh? Creo que, junto con mi compañera, hemos sacado la nota más alta de la clase y me enorgullezco de ello.
Hoy me iban a dar la nota de Lexicología, pero aparentemente la profesora se ha quedado atrasada, o algo así, así que no la dará la semana que viene. Espero que me vaya igual de bien.
Ahora mismo tengo unas ganas impresionantes de acostarme a dormir, pero tengo muchísimas cosas para mañana: una exposición, el global de francés y un vídeo en francés...
Quizás con el almuerzo recupere el aliento, aunque sea un poco. Eso espero. Lo necesito.

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