domingo, 10 de mayo de 2015

Algunas cosillas

Como hoy estoy maso de humor (lo cual es curioso, porque en realidad esta mañana me he levantado de un humor pésimo), muy seguramente a causa de tanto chocolate y nutella, me apetece contaros algunas cosillas que me han pasado en los últimos días.

En primer lugar, anoche me terminé durmiendo casi que a las 4 de la mañana. ¡Soy una mentirosa! Resultó ser que quise seguir leyendo Abzurdah y no podía detenerme. Oops, ce n'est pas ma faute.

Bueno, eso por un lado, por el otro... El viernes me han dado la segunda nota. La nota de Constitución Política: 98.

Sí, sí, ya sé que es una notaza. Pero si os contara lo que en realidad pasó, compartiríais mi dolor. Os cuento:

La noche anterior a la expo final (que equivalía a la nota del global, o sea, era la que mayor valor tenía) no dormí. Pasé literalmente toda la noche sin pegar el ojo estudiando, practicando, averiguando y haciendo las diapositivas. Era una exposición grupal, así que eramos 3 chicas: Mariana (que está en clase de Francés conmigo), Pilar y yo.

Si os soy sincera yo tenía toda mi confianza en Pilar. Desde un principio me comí el cuento de que sería la más interesada en hacer el trabajo lo más pronto posible y de la mejor forma posible, porque por lo que había visto en clase, tenía pinta de ser una buena chica. Responsable, bien aprendida. De Mariana ni me cuestionaba eso porque ya sé cómo es. En Francés le va muy bien y se ve que es estudiosa y que se prepara para las exposiciones. Y así fue. Mariana me ayudó. ¿Pero Pilar? Esa salope no nos ayudó ni en lo más mínimo con ese puto trabajo, que además estaba maso engorroso. Salió con la excusa barata de que en su casa no tenía internet ni computadora. Y de la nada se fue. Así, sin más. (Al parecer se largó a dormir como a quien no le importa la cosa).

Al día siguiente Mariana y yo quedamos en que no la dejaríamos hablar porque, claramente, como no había aportado nada y no había hecho un reverendo culo, no merecía ni abrir la boca. En realidad yo no lo quise tanto así, no por eso de "pobre Pilar, ¡y ahora qué va a decir!", sino porque sabía que eso traía sus riesgos: el profesor claramente se daría cuenta y me estaba jugando mi nota.


En fin. Que cuando vi a Pilar ese día, me dijo que "anoche le había pasado de todo", y yo ni me incomodé en preguntarle qué cosas, porque, sea o no cierto, como ya he dicho antes, a mí no me interesan los problemas de las demás personas. ¿Ya os he dicho que soy un ser un tanto desgraciado en ese sentido? Pues eso. Lo que me sorprendió fue que la tal Saumensch esa ni si quiera llegó a preguntar: ¿Qué digo? ¿Qué parte me toca? ¿Cómo os fue con eso? ¿Muy difícil?


No. Nada.


Y, dicho y hecho, al momento de la exposición, eso se notó. Pilar fue la que más poco habló y la que no tenía ni idea de lo que hablaba. Mariana lo hizo bien, y yo lo hice muy bien, hay que aceptarlo. Fuimos, de hecho, el primer grupo en pasar y al final el profesor dijo que "le encantó".


No es por nada, pero que un profesor te diga que le ha encantado tu exposición es como que te elogien los dioses. Pero esperad, que hasta ahí no llegan sus comentarios. Más tarde añadió: "no me gustó el trabajo corporativo". Corporativo suena un poco raro, así que dejémoslo en trabajo en grupo.


Sí, se había dado cuenta. 


Uf... Eso fue como que te clavasen un cuchillo bien afilado. Se había dado cuenta y todo había sido más que obvio, sobretodo porque Mariana fue súper burda y en dos ocasiones en las que Pilar quiso hablar, Mariana la interrumpió de golpe, como mandándola a callar. 

Eso sí fue cruel. Já.

En fin, que eso nos dijo. Que muy bien todo, que muy bien explicado, pero que notó cosas en el trabajo corporativo. Lo que siguió después fue lo peor. Cuando terminamos de exponer Mariana tuvo que irse, y yo me quedé ahí con Pilar. ¿Y sabéis que hizo? Se puso a mandar mensajitos cursis en el grupo de WhatsApp en los que ponía que "lo sentía mucho", que "no merecía una buena nota", "no sabía lo que le había pasado", en fin...

Llegó el momento de la nota.

100.


Cien las tres. QUÉ.


Pues sí, cien las tres. 


Minutos más tarde Pilar se fue cuando supo la nota final del corte, sin decir gracias ni nada. Vaya imbécil que es. ¿Y qué pasó luego? Todos los comentarios me los tuve que aguantar yo. El profesor dijo que le había encantado mi argumentación y mi forma de exponer, pero que "no habíamos dejado hablar a Pilar". Yo le dije que ella no había ayudado literalmente en nada. Y este Saukerl se pone a defenderla, y a decir que sin embargo lo que ella había dicho, lo había dicho muy bien (?).


Y una chica que estaba allí fue muy amable en decir que daba mucha rabia que la otra persona, que no hizo nada, se sacara la misma nota que los que sí hicieron todo el trabajo.


Y aunque la nota me haya quedado en 98, me dijo que me la hubiese dejado en 100, a no ser por cositas como esa. Conclusión, no me quedó en 100 gracias a la gorda de Pilar. Y sí, sonará muy cruel, pero es verdad. Es gorda y bien gorda. Está pasadita de kilos y no voy a desmentirlo. 


CONCLUSIÓN... Hija de P***


Pareceré muy chillona quejándome de un 98, y no solo porque es una muy buena nota, sino porque fue la más alta de la clase. Pero es que aquí lo que duele en el alma es lo injusta que es la vida y la rabia que da que tú termines quedando como la mala del paseo. No siendo, sino quedando. Porque yo mala no he sido. Yo no fui quien calló a la gorda esa dos veces ni la que planeó dejarla sin hablar.


En fin. Eso ha pasado el viernes.

Se siente bien desahogarme...

P.d.: Pilar, en caso de que leas esto algún día, solo me gustaría decirte:



Yes,


:) 

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