jueves, 14 de mayo de 2015

Continuación

Sigamos.

Vamos haciendo un rápido resumen de lo que sabemos hasta el momento: D vuelve a aparecer, H se va, notas envidiables...

Pero aún falta y falta mucho. Así que preparaos para lo que viene.

Si he dicho que he vuelto a hablar con D, tenéis que saber que eso no es nada. Porque no solo hemos hablado, sino que nos hemos visto. ¡Lo he vuelto a ver! A mi precioso, mi adorado...

...Está tan hermoso.

Suspiro profundamente. 

Ver su sonrisa la de D me ha hecho muy feliz. Sí que lo echaba de menos. Me da la impresión de que en estos días se ha puesto aún más guapo. Hace poco me mandó una foto de él y... ¡Dios, yo muero!

D no es tan tan guapo que digamos, pero mis ojos nublados de tanto amor lo ven precioso, y ahora más que nunca, claro, después de tanto sin hablarle ni verlo.

Vamos a dejar de lado el tema de D, porque si sigo, acabaré extendiéndome demasiado y esa no es la idea, ni es el momento, ni hay tiempo suficiente. Pero lo que sí prometo es dedicar una entrada completa en la que se hable exclusivamente de él. Necesito hacerlo.

Y en cuanto a H... Sí, volvemos al tema de la horrible manera en que me trató. Eso ha sido lo que más me ha dolido. Esa llamada. Su brusquedad, su actitud imprevista, su tono de voz, su manera de dirigirse a mí, la "colgada" tan insultante y desinteresada. Eso. Todo eso y seguramente muchas otras cosas que ahora mismo no querré mencionar. No hace falta. 


La gente es tan decepcionante. La misma vida se ha encargado de demostrármelo y, por ende, de hacer que cada vez mi miedo profundo de conocer a alguien nuevo, de hacer más amigos, de tener una vida social más llevadera..., vaya creciendo y creciendo como una gigantesca bola de nieve y se vaya implantando como una mancha que se pega a la tela de un pantalón viejo y no cae. Así es mi miedo. Cada vez más aferrado a mí, cada vez más abismal.


De todas formas, H es esa clase de persona que merece recibir en las mismas cantidades en que él las da. Porque eso sí, él es muy de dar. Mucho. Muy de demostrarte todo lo que siente a punta de cariño físico y emocional. Y eso es lindo, pero deja de serlo cuando no es compartido. Y ese es mi caso. Yo no comparto lo mismo con él. Somos tan parecidos y tan diferentes a la vez... Él tan de dar y yo tan de quedarme ahí quieta cual estatua impasible. Es cierto que puedo ser muy fría a veces. Muy desentendida.


Y puede que sea por eso, porque H nunca llegó verdaderamente a gustarme. Mi interés nunca llegó lo suficientemente lejos como para devolverle todo lo que él se había encargado de darme. Yo no merecía tanto y creo que por eso fue justa su partida. Lo reconozco y lo acepto. 



 "Es muy curioso que tú seas tan cambiante, ambivalente y me subas y me bajes y me dejes muy mal muchas veces y muy bien otras."

Ahí esta. O, mejor dicho, ahí estoy. Así soy y así es.

Lo otro que me duele es... el enorme hueco que ahora deja en mi vida porque ya no lo tengo a él, el único que realmente se llegó a preocupar por mí, por mi enfermedad, mi problema mental, mi inestabilidad emocional, mi relación amor-odio con la comida; por Ana.

El único. Ni siquiera D.

El único que en realidad lo lamentaba. Al que sí le dolía verme mal, verme hundirme en el dolor y el sufrimiento por algo tan banal. A él sí le importaba y supongo que le sigue importando. Así es él. Y la necesidad de buscarlo y querer desahogarme seguirán ahí, incluso quizás todos los días de aquí en adelante, porque yo con Ana me levanto y me acuesto. Y el sufrimiento siempre está, y no se marchita y no se va.

Y es aquí adonde quiero llegar: a Ana. La otra parte. La que (si la anterior era triste y deprimente), va más allá de lo fúnebre y lo indescifrable. Y espero que no os estéis haciendo la idea de que venga ahora con noticias tipo "eh, mira que he bajado" o "uf, ya 43 por fin. ¡Lo logré!" o "Dios, qué cansada estoy. ¡Qué frío y qué hambre y qué debilidad!". En verdad, en serio, espero que no. Porque la realidad es otra. La realidad es una bochornosa relación de traición con Ana. La realidad son cinco días comiendo incansablemente, saciándome del sabor de la comida y de las calorías y de la grasa de más. Saciándome de un brownie de chocolate con arequipe, de galletas Festival de chocolate con vainilla, galletas con chips de chocolate, un alfajor, muchos bianchis, chocolates kisses, varias avenas, un chocorramo, maní, una chocolatina Jumbo, tostadas con huevo frito, galletas con Nutella... en fin. La lista, en realidad, no llega hasta ahí y ahora mismo no la recuerdo toda. Pero sí, ahí está, ahí la tenéis; la triste y cruda realidad.

Lo que más me sorprende es lo fácil que puedo engañarme a mí misma. Me prometí que a partir del momento en que Cielo empezase a hablar de Ana en su libro Abzurdah, yo empezaría a afianzar mi relación con ella, con Ana. La haría más real. Me prometí que solo a partir de ese instante la verdadera restricción empezaría, la carrera de kilos por fin tendría lugar y con ello todo lo que acarrea vivir como una verdadera anoréxica; lo cual aquí no hace falta mencionar porque a estas alturas eso es algo más que sabido y toda la información sobra (ya hasta me aburre). Pero, curiosamente, le he perdido el interés a Abzurdah desde que Cielo pasó de hablar de su vida y de Alejandro a hablar solo de Ana. Mi interés se ha ido yendo lentamente desde que leo lo que me ha parecido leer en mil sitios más. Porque ya sé cómo es. Ya lo conozco todo. No es como que haya algo nuevo para mí.

También juraba que Ana iba a ser para Cielo algo difícil de sobrellevar. Una parte horrible de su vida en la que sufría por la no comedera, por tanta restricción y la añoranza del sabor de una galleta de chocolate en su boca. Pero no. Cielo se jacta de su situación moribunda y maltrecha. Odia la comida, odia las calorías, odia todo. 

Me siento tan incomprendida, que ya ni ganas tengo de ver cómo ella tiene éxito y yo no.

Uf...

Ayer he ido al médico.

Mis nervios de saber que la doctora me diría cuánto estaba pesando me tenían mal. Me ha dado dolor de estómago y todo. Es tan aterrador para mí que cada vez que me acerco a una báscula el corazón se me acelera terrible. Y ayer no ha sido la excepción. El corazón me latía rapidísimo, sentía que se me iba a salir.

Yo ya estaba preparándome para el momento porque sabía que, a raíz de todas las porquerías que había estado ingiriendo desde el domingo, había subido. El problema es que no sabía qué tanto, el problema es que por fin lo supe. El problema es que subí kilo y medio. El problema es que ahora peso 45.5 kilos.

45.5.

La doctora se limitó a decir "estás bajita peso". Después me preguntó que si estaba comiendo bien y que si estaba juiciosa. Yo solo dije que sí con la cabeza. Solo asentí. No pude decir más. Y no fue de alegría ni de sorpresa. Más bien quizás de un poco de satisfacción al escuchar ese "estás bajita de peso" porque seamos sinceros, a las anoréxicas nos encantan esa clase de comentarios. Nos hace sentir orgullosas. Pero más bien lo mío era un sentimiento de frustración. "Forty five is not even my lowest", dije para mí misma mientras asentía sin saber qué decir. Según mis propósitos yo debía estar pesando 43 para que la doctora me viera y se preocupara. Pero no. Tenían que ser cuarenta y cinco kilos de mierda. Y, aun así, estoy bajita de peso. Sí, ajá. 

Not even.

Me alegré por un momento de que mi madre no estuviese allí. ¡Qué alivio que no haya escuchado eso! Porque de lo contrario, muy seguramente habría empezado a sospechar o, peor aún, a empezar a alimentarme descontroladamente ya que "su hija está bajita de peso". Qué bien que haya decidido entrar yo sola, sin mi madre. De hecho, como ya presentía yo que algo iba a pasar, le había pedido a mi madre que se fuera, que prefería estar sola. Y mi madre se salió y esperó afuera.

Love you mom.

45.5 no es el peso de una princesa. 45.5 está lejos de mi añorado 43. Y es por esto que he decidido empezar de nuevo. No mañana, ni este fin de semana. Al fin y al cabo los domingos siempre lo termino estropeando todo. Empezaré el lunes, como aquel lunes en que me propuse empezar y bajé. En tres días bajé y a los otros dos días ya estaba en 44.5. 

Dicho esto, declaro que el 18 de mayo de 2015 mi restricción comenzará de nuevo.

Estoy ansiosa.

No diré nada más por ahora. Mañana tengo una presentación de Francés y debo llevar un estúpido traje de chef que me hace ver fatal. Parece que a mi D le han prohibido el móvil esta noche. Cuando desperté de la siesta tenía un mensaje suyo:

 "So I'm getting my phone taken for the night  I guess I'll talk to you tomorrow, sweet dreams Catalina."

Lo echo de menos.

Debo levantarme temprano, pero supongo que comeré compulsivamente algunas páginas de Abzurdah antes de irme a dormir.


Bonne nuit ☾ ☾ ☾ ☾ 

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