Sí, en ese momento el corazón se me subió a la boca y casi muero. Y todo lo que pasaba por mi cabeza era "mierda, mierda, mierda". Yo es que pensé que ese sería el fin. Que se había dado cuenta o se había enterado.
¿Pero sabéis qué? ¡Nada de eso! Se me había acercado para darme una súper charla sobre educación sexual. Vale.
A los 19 años, sí.
Os juro que nada pudo alegrarme más que saber que se trataba sobre eso y no lo otro, aunque fuese muy incómodo y no podía ni mirarla a los ojos. Que tu madre te diga que estás en una edad en la que tus hormonas se alborotan y que tienes que cuidarte, y que tuvieses cuidado cuando fueras a la casa de tu amigo, no es muy bonito. Pero sí, me la he tenido que aguantar y yo por dentro (y por fuera) me reía mucho. No podía evitarlo. Era como una mezcla entre risa nerviosa y risa de verdad.
Ay, madres...
Pues sí que es cierto que las madres al final se terminan enterando de todo.
Con el chico del que os he hablado sí han pasado cosas, cosas de esas cosas... Pero nada de lo que deba arrepentirme ni que quisiera ignorar. La verdad es que creo que él me gusta, me gusta su compañía y me siento bien a su lado. Y, lo mejor, quiero que sigan pasando cosas.
No más atracones. No más remordimiento. Solo hambre y un hueco en mi estómago.
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