Y lo he untado de Nutella.
Y he comido más de ocho galletas Bridge (de 60 calorías cada una).
Y he comido bombones.
Y en la noche, comeré helado. De leche. Dos sabores.
Y, sin embargo, aun si coma más en el transcurso del día, nada de eso me hace culpable. Nada de eso significa que he cometido un pecado. Que he atentado contra mí misma. Que soy una cerda o una gorda por simplemente querer comer lo que a cualquier otra persona también le gustaría comer. Eso me hace, en ese sentido, una persona normal. Una persona más con sus antojos, sus gustos, sus ganas de encontrar placer en la comida. Sus ganas de saborear, de probar...
No soy "a failure" por comer. No soy un fracaso, or a freak, for craving food. For having those urges. Comer no me hace inferior. No me hace diferente. Y quizás todo este tiempo debí pensar así. Quizás mañana vuelva a mi triste y cruda realidad. A lo mejor mañana ya no piense igual. A lo mejor mañana vuelva a los malos hábitos. Vuelva a hundirme en el remordimiento y el dolor (físico y mental). Pero hoy, repito, hoy no. Hoy soy un poquito libre. Hoy no soy ninguna súbdita de Ana. Hoy no la escucho más, no.
Es como cuando te pones los auriculares y te sumerges en la música, allá, muy lejos... Muy en lo profundo. Muy en donde nadie puede encontrarte.
Hoy es uno de esos días. Un día de llevar los auriculares puestos con la música a tope, evadiendo los pensamientos que te matan, te desarman y te desgarran. Que te dejan mal y te quitan las ganas hasta de respirar.
Entonces, ¿lo entiendes, Ana?
Hoy no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario