...Palomitas de mantequilla, dos bianchis, tres hojaldres, un nestea (con mucha azúcar)...
No sé tú, pero yo me siento súper cerda.
Se me ha inflado el estómago y ahora mismo siento que me explota todo por dentro.
D:
Y sí, ese es mi gran problema. Una vez que empiezo a comer, nada ni nadie me detiene. O bueno, no a mí, sino a mi cerebro. No hay nada que lo detenga. Él siempre termina ganando.
Llevaba seis días binge free. Pero hoy, nuevamente, he rompido la restricción.
Tengo mucho miedo porque ahora siento que he ganado por lo menos 2 kilogramos.
Qué ascazo, señor.
Y es que vale, ojalá eso fuera todo, pero no, joder. Que en el desayuno he comido más que de costumbre, y en el almuerzo he comido un plato gigante de espagueti con salsa y pollo desmechado.
Estoy pensando qué hacer mañana, para olvidarme de esto y empezar de nuevo. Qué hacer para evadir el desayuno y comer poco al almuerzo. La última vez que pasó (que fue más o menos igual o peor), fue el domingo pasado.
Mañana es lunes. Mañana puedo empezar de nuevo. Mañana puedo, por lo menos, empezar a luchar por ese kilogramo de menos. Ahora no puedo pensar en 43. Ahora solo pienso en mantener mi 44 D:
Mierda de día. Sí.
Debo ser fuerte. Debo tener la mente suerte para ganar la batalla. Ahora mismo pienso en una galleta de avena que amaría comer mañana. Pero si me pongo a pensar en todos los ingredientes que lleva la galleta, me dan asquete y lo dejo.
Odio los atracones, chicos. Los odio con mi ser.
Quiero que ya sea lunes.


No hay comentarios:
Publicar un comentario